martes, 4 de agosto de 2009

La regla de los tres días

Hace tiempo, en algún capítulo de alguna serie americana, escuché hablar de la regla de los tres días. En años no volví a saber nada de ella y, hela aquí, este fin de semana mi hermano se encargo de traerla a mi vida una y otra vez.

Cristo Rodríguez


El jueves llegué a mi casa después de un largo día de trabajo y de ensayo que había culminado con una caña rápida, por no despedir al grupo de teatro de forma brusca. Al llegar a casa me puse cómodo. En verano, y en Madrid, eso quiere decir quitarse toda la ropa y calzarse un mini-pantalón con la menor cantidad de tela posible para no sentir calor. De esta guisa baje a tirar la basura. Algo rápido, bajar las escaleras, abrir la puerta, dejar caer la bolsa en el cubo, cerrar la puerta y subir las escaleras. La bajada fue
bien, todo despejado, abrir la puerta sin problemas, pero el tema de depositar la bolsa en el cubo se complicó. Por allí pasaba una compañera de trabajo que, al verme, no sabía si venir a darme dos besos o no, tal era mi vestimenta, al final vino y nos saludamos raudamente, pero no lo suficiente rápido. Antes de que tuviese tiempo de cerrar la puerta (paso cuatro) llegó mi compañera con unos amigos que la esperarían en el portal del edificio mientras ella subía un momento al baño. Yo salude y culminé el quinto paso de mi tarea de la noche, subir las escaleras.

De vida o muerte

Mientras que mi compañera se acicalaba un poco llamaron al
timbre unas cinco veces. Eran sus amigos que la urgían para que bajase pronto. A la tercera llamada uno de los amigos de sus amigos le pidió que “por favor baje tu compañero, que es de vida o muerte”. Tras esa petición tan “profunda” evidentemente me calcé mi ropa y baje presto las escaleras para conocer a ese chico tan flechado por mi. Al verlo quedé inmovilizado. No había visto un chico tan hermoso desde hace muchísimo tiempo. Fuimos todos juntos a tomar algo mientras yo iba recuperándome poco a poco del shock sufrido. Una vez situados en una terraza de la plaza 2 de mayo, sin saber como, su amigo y mi compañera de piso se las arreglaron para quedarnos a solas, (mi hermano pequeño estaba allí pero como si estuviésemos a solas). La conversación fue muy agradable. El chico, canario, no sólo era bello sino que, además, era inteligente, militante, currante, con un montón de proyectos en la cabeza. En resumidas cuentas lo que llevo años buscando. Al concluir la cena nos fuimos cada uno a casa. La despedida fue rara y más larga de lo habitual. Cuando cada uno enfiló para su domicilio correspondiente, corrí detrás del canario y le dí mi número con mucha ilusión y esperanzas. ¡Por fin lo había encontrado!

Tres días ¿Y ahora qué?

Yo si me hubiese pasado eso, sin duda, habría llamado al día siguiente. Por esto al llegar al sábado y no recibir llamada alguna comencé a estresarme, un poco. Al hablar con mi hermano, Carlos, me dijo “No te ralles ¿No conoces la regla de los tres días?”. Mi contestación, evidentemente fue que no. Carlos, presto a ilustrarme me comentó que, para mantener el interés de una persona, no debes llamarla por lo menos hasta que pasen tres días desde que te dio el teléfono o desde la última vez que la viste. ¡Mi hermano tiene 15 años! ¡Por favor! ¡¿Por qué no me explicaron a mi esto antes?! Igual me hubiese ahorrado muchas penas... O no... Aún así no pude evitar preguntarme: ¿Es esta regla algo real o sólo un pretexto para no sentirse mal al no recibir la respuesta esperada de nuestro amado? ¿O puede ser una excusa para no sentirnos mal por no llamar a alguien que no nos interesa? Según mi conducta personal, cuando alguien me interesa lo llamo o mensajeo rápidamente. Tan pronto como me apetece verlo, una hora, un día como mucho. No hay ninguna regla que valga. Si se agobia, si no le apetece verme, si no lleva mi ritmo, si no quiere lo mismo que yo, no es LA persona. Y si no me apetece llamar al día siguiente, y de hecho no lo hago, quiere decir que el otro no es lo que estoy buscando. ¿Para qué buscar pretextos? ¿Para qué escudarse en una regla tan temporal, estricta y lejana al romanticismo? Hoy es Martes. Han transcurrido 5 días desde “el encuentro”. No he recibido llamada y no creo que la reciba. En el preciso instante en que le facilité mi teléfono al canario, ya sabía que no recibiría ningún tipo de respuesta por su parte. La forma en la que la otra persona recibe la mano que le tendemos, para acercarla a nosotros, es la única regla que una persona debería seguir. El interés que se toma al apuntar nuestro teléfono, cómo se despide de nosotros, los indicios que existan, o no, deberían ser nuestra única regla. El tema de los tres días no es más que un pretexto para no sentirse mal en caso de no recibir la llamada o una excusa para no hacerla. En los tiempos que corren y al ritmo que va la vida tres días es mucho tiempo. En tres días puede pasar tanto que, sin darnos cuenta, se puede perder la oportunidad de conocer a la persona ideal, ya que en estos días otro/a puede ocupar nuestro lugar y podemos perdernos conocer a alguien excepcional. Creo que tuve suerte en no conocer esta “regla” hasta ahora… Y, por supuesto, desde ahora, voy a seguir obviando los estúpidos tres días.

2 Comentários:

Anónimo dijo...

me encanta!!!! apoyo la moción! uno sólo debería de poder seguir su instinto... no creo que el hombre de tu vida ande siguiendo reglas como si fuera un colegial (y el de la mía tampoco)!!!

RUBISÓN dijo...

La verdad es que muchas veces por hacernos los duritos...se nos pasa el tren. Pero y que bien te sientes cuando no le llamas y luego te dicen que pasa de ti...Piensas: ¡Menos mal que no lo hice!

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