Cuando me enamoro soy gilipollas
En eso ando pensando
ahora. Esta noche, mientras me lavaba los dientes, me ha dado por pensar en
cuan idiota soy cuando estoy enamorado y en las cosas tan estúpidas que hago
por amor.
Por Cristo Rodriguez
Corría el verano del
2010 y yo me ponía enfermo con fiebres altas de origen desconocido. La odisea
de las fiebres, mi doctora y demás darían para escribir un manual de lo que un
médico no debe hacer jamás, pero aquí estoy para hablar de otra cosa. Con dichas
fiebres fui ingresado en un hospital de Madrid, mi madre vino a cuidarme debido
a que no tenía mucha más gente en la ciudad que pudiera hacerse cargo de mi.
Desde mi estado de invalidez temporal, me puse en contacto con mi novio,
noruego y residente en Oslo, vía mensajes, llamadas y demás.
Mi novio y yo nos
conocimos en NY el enero de 2010 y a esas alturas habíamos decidido y después
de habernos hecho las correspondientes pruebas de diagnóstico de ETSs varias.
Las pruebas de VIH dieron un resultado negativo, a consecuencia de ello
decidimos comenzar a practicar sexo sin preservativo aún estando en una
relación a distancia con lo cual el nivel de confianza debería ser mayor de lo
normal.
Cada vez que me
comunicaba con mi novio le pedía que viniera a verme, que me hacía falta y que
con lo mal que me encontraba me gustaría mucho verlo. Él se excusaba diciendo
que tenía mucho que hacer y que ya vería si podía venir a verme el fin de
semana. Mientras tanto el médico me comunicó que mis fiebres podrían ser causadas
por una primoinfección de VIH. Mi malestar se acrecentó los días que
transcurrieron desde que el médico me comunicó esto y me tomo las pruebas un
jueves. Los resultados llegaron a los 4 días, transcurrido todo el fin de
semana de rigor y pausa español. Durante todo ese tiempo yo no me atrevía a
decirle nada a mi novio y trataba de ponerme en la situación de tener que
comunicarle dicha noticia y decirle que yo no había estado con nadie durante
todo ese tiempo con lo cual el causante de mi infección debería haber sido él.
Lo peor de todo ese tiempo no era pensar que podría tener la enfermedad, sino
pensar además que una de las personas a
la que más quería en ese momento me hubiese traicionado de esa manera. En el
fin de semana y debido a su cantidad de trabaja en la universidad casi no
tuvimos contacto, lo cual, aunque me hizo sentir mal, fue liberador por el
hecho de no tener que comentarle nada sobre la prueba.
El lunes a última
hora, cuando no podía aguantar más de tanta información como había leído en
Internet en mi espera, me dieron los resultados. Durante la espera, tengo que
decirlo porque pensando ahora en ello no se como pudo suceder, mi madre me
estuvo apoyando en todo momento y diciéndome que si daban positivo no pasaba
nada, que ahora hay buenos tratamientos y que no era un problema tan grande,
ahora se que mi madre estaba tan acojonada como yo, pero sacó la valentía de
donde no se tiene para hacerse la fuerte frente a mi y ser mi bastón para que
no me hundiera en el caso de que los resultados no fuesen los esperados. Los
resultados resultaron ser negativos. Lo cual fue una alegría para mi madre y
más para mi. La culpable de dicha fiebre era una garrapata del desierto
almeriense que me debió picar durante mis vacaciones con mi novio y un par de
amigos. Ahora que lo pienso no entiendo porqué no le pico a mi novio en vez de
a mi…
La fiebre se fue, el
mal estar duro un poco de tiempo más, y la flojera física aún más. Pero no hay
nada que un tratamiento especial de antibióticos no pueda arreglar. Lo que duró
mucho más fue la falta de apoyo de mi novio, ahora mi ex, por supuesto, el que,
a pesar de ser estudiante, no pudo tomarse un fin de semana libre para venir a
verme mientras mi hígado, bazo y pericardio se inflamaban y mi fiebre no bajaba
en días. Al tiempo me contó el porqué no había venido, su excusa fue el no
quererse encontrar con mi madre, eso me lo decía él después de casi haberme
obligado a ir a la boda de su hermano.
Que hice yo tras su
NO aparición por el hospital. Al darme el alta del hospital, donde había estado
una semana, me compré un vuelo y fui a verlo a Oslo en plena recuperación con
un estado físico bastante desmejorado. Eso hice, le regale a él mi presencia
como recompensa por no haber estado conmigo en un momento tan duro en el que lo
pasé tan mal.
Que voy ha hacer,
así soy yo, el amor me nubla la vista y no me deja ver cuando el otro no me
quiere bien. Debe ser que, a veces o en las relaciones en general, siento que
nadie más me va a querer nunca y por eso tengo tanto miedo de darme cuanta de
que el otro en realidad no me quiere de la forma que debería. Pero ahí estamos,
en el camino, a ver si con mis pronto cumplidos 32 años comienzo a darme cuenta
de este tipo de cosas y aprendo del pasado.
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