miércoles, 3 de abril de 2013

La agenda oculta

A veces nos preguntamos porqué la gente actúa de la forma en que lo hace, porqué tienen los cambios de actitud que tienen o porqué no concuerdan sus palabras con sus actos o viceversa. Pues bien, todo es debido a la agenda oculta, aquella información que no conocemos pero es fundamentalmente esencial para entender cómo actúan.



Por Cristo Rodríguez



Durante las últimos meses he estado quedando con un chico, no sólo con él pero es de él del que voy a hablar ahora, así que dejémoslo así. Para aquellos que están alrededor mío el susodicho tiene el seudónimo de mi “no novio”, normalmente, y como ya he contada anteriormente, como estoy saliendo con varios hombres/chicos a la vez me resulta más fácil ponerles un seudónimo que recordar como se llama cada uno de ellos. Pues bien mi “no novio” y yo quedábamos mucho al principio; ir al cine, comer juntos, ir al gimnasio, salir a tomar algo… lo típico de las parejas que comienzan a salir. El apelativo de “no novio” se lo gana una noche que, tras tres citas y una noche de copas, le dije que me apetecía estar a solas con él, en su casa o en la mía, lo mismo me daba, pero a solas. Él me contestó que no, que era tímido y que no quería… Después de muchas citas más, y de que yo dudase de mi en muchas ocasiones, me acabó diciendo que el problema real era que tenía una infección en la zona genital y que no podía tener sexo por un tiempo. ¡Ahí estaba! ¡La agenda oculta!... Cuando por fin se curó tuvimos sexo y no fue el mejor sexo de mi vida, mejor dicho fue de lo peorcito que he tenido en los últimos tiempos, así que un día quedé con él y le dije que mejor no vernos más, que éramos incompatibles y que la cosa no daba más. Yo también utilice la agenda oculta pero con buenas intenciones.



A rey muerto rey puesto, así que en las últimas semanas a parte de los usuales pululantes que están normalmente alrededor, un chico a ocupado el papel protagonista por encima de todo el resto del reparto. El chico guapo, de más o menos mi edad, con un buen trabajo y, muy importante por si algún día se lo tengo que presentar a mis padres, habla castellano.  Pues bien, antes de la primera quedada quedé claro que la cosa iba sólo de ser amigos con un mensaje que decía “mejor quedamos en un bar marica para poder ver hombres guapos”, todo porque las fotos de su perfil no me convencían mucho (¿agenda secreta?¡¿YO?!), tras verlo en persona me encantó, pero finalmente fue él el que esa misma noche un rato después de despedirnos me mandó un mensaje que decía “me has caído muy bien”. Pues bien,  el #no-me-des-pies-a-mi-que-me-cojo-la-mano de mi mismo salió y, desde entonces, he intentado conquistarlos de diversas formas, sobre todo con mensajes de texto, para ver si, por lo menos, podemos acabar en la cama. Cada vez que quedábamos volvía a casa con la idea de que la cosa era de ser amigos y nada más, pero cada vez que perdía toda esperanza él me mandaba un mensaje que daba nuevo aire a mi pequeña flamita hasta convertirla en llama que me daba la fuerza suficiente para seguir insistiendo con mensajitos para ver si me lo llevaba al huerto. Por fin ayer, tras una cena con otra amiga y él, nos mensajeamos y parecía que hoy era el día. La cita fue marcada sobre las 20 ó las 21 de la noche, con tan mala suerte que a las 18:56 me envía un mensaje y me dice que lo siente que “me siente nervioso, y no se porque, pero mejor nos encontramos cuando regresas” (pues me voy de viaje a Canarias). Tras unos cuantos mensajes de mi parte ¡Pum! ¡¿A que no sabéis qué?! ¿No lo adivináis? ¡Claro! ¡La agenda oculta! Resulta que mi querido nuevo-lo-que-sea, tenía un novio en Chile que a dejado HOY, con lo cual me dice que no queda conmigo porque necesita tiempo para pensar y arreglar “todas las cosas que tengo en mi mente”.



Con este también, durante un tiempo (no mucho porque uno, dentro de lo que cabe, tiene un ego que no le cabe dentro del cuerpo), he dudado de mi mismo de mi atractivo, de si soy interesante o no y mil cosas más…



En fin, ahí está la agenda oculta, que lo mismo tiene detrás una infección genital, que un novio en otro país a cientos de miles de kilómetros, que más diversas cosas raras que se nos puedan pasar por la cabeza y que mejor me callo para que no me tachen de fantasioso. Sobre todo, y como ya he aprendido de mi búsqueda laboral en los últimos tiempo, no importan los motivos, cuando para alguien no eres la elección principal nunca es por ti, si no por ellos, porque buscan otra cosa, porque tiene una agenda oculta, por mil razones diferentes o por todas ellas juntas. No dudes de ti mismo (es fácil de decir, ya lo se) pues ahí fuera hay alguien que te está esperando y que te hará, aunque sólo sea por un corto periodo de tiempo, el ser más importante y bello  en todo el planeta.



Buenas noches. La próxima vez os escribo disfrutando del sol de Canarias.

¿Inseguro es más seguro?

¿Es la inseguridad un ingrediente básico en una relación? ¿Necesitamos estar inseguros de nuestra pareja para poder seguir amándola?


Por Cristo Rodriguez


Anoche echaron por la tele "Date night" una película en la que una pareja que llevan muchos años casados tiene una cita una vez por semana cada viernes, un día van a NY y allí se arma el lio con tiros, escándalos sexuales, polícias que trabajan con los malos, etc. Todo muy Hollywood. Lo rescatable de la película, al menos para este blog, es como ellos se dan cuenta de lo que se aman y cuanto quieren seguir juntos ahí, en una situación extrema. En la misma película una pareja se rompe porque solo son "buenos compañeros de piso".


A su vez y en otra película tan distinta como la versión de Disney de Mulan, el emperador dice en un momento "las flores que han florecido bajo la adversidad son las más bellas de todos" (en su versión española), una linda metáfora que nos habla de como las dificultades hacen que el amor florezca más bello, fuerte y hermoso.


También ayer me vi el penúltimo episodio de "the walking dead" en él el chinito le pedía a su novia que se casase con él. Ellos no tienen muy claro si vivirán un episodio más o no, pero el amor es más fuerte cuando se esta al borde de la muerte. Eso es lo que pretenden transmitir con dicha esa escena.


Estos son ejemplos cinematográficos, pero en la vida real hay algunos estudios psicológicos que vienen a corroborar estas teorías muy oportunamente utilizadas por la industria audiovisual para despertar dentro de nosotros sentimientos que contribuyen a que la película/serie nos guste y nos quedemos con ganas de más. Esos estudios hablan del amor en periodos de guerra por ejemplo y cuan duraderos y profundos son.


A su vez, y muy bien utilizado por el novel de literatura Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera nos acerca la relación de una pareja que, separadas por las circunstancias, se reencuentran el su ultima etapa de la vida para revivir el amor que en su tiempo le impidieron las convenciones sociales.


Y con todos estos ejemplos llegamos de nuevo a mi pregunta. ¿Necesitamos sentirnos inseguros de nuestra relación para poder seguir en ella y mantener la llama viva? En mi anterior relación fue algo que marco, él necesitaba esa inseguridad, quizá porque todo lo demás en su vida estaba asegurado. Nuevos chicos, que he ido conociendo desde entonces, me han gustado bastante en el momento del cortejo pero cuando han comenzado a interesarse por mi, he perdido todo el interés, o al menos la mayor parte, por ellos. ¿Nos dice esto algo o es que tan solo no eran lo que yo buscaba?

sábado, 9 de marzo de 2013

El noviofan


Hay gente que más que un novio o novia quiere un fan. Esa clase de personas que necesitan el alago constante, si bien no con palabras, por lo menos con hechos.

Por Cristo Rodriguez

En las ultimas semanas, observando la relación de unos conocidos, me he dado cuenta de porque mi anterior relación naufrago en el pantano del llanto y el olvido eterno. El era uno de esos que necesitan tener a su lado a alguien que lo admire. Y yo no soy de esos, no soy yo muy fan, nunca lo he sido, no soy de admirar, no lo necesito. Por supuesto me gustan cantantes, actores y tal, pero nunca he podido ser lo que se dice fan. Reconozco que si ciertas personas estuvieran a mi lado no sabría como actuar, pero eso no se debe a un sentimiento de fanatismo si no a un déficit en cuanto a mis habilidades sociales. Al igual que no se actuar delante de los hombres que me gustan y no se debe a que sienta admiración por ellos, lo que siento, más bien, son las hormonas revolucionándose por dentro y un deseo sexual que me impide actuar de forma natural.

Pues bien, en dicha observación puramente educativa de la pareja en cuestión, me he dado cuenta de que hay gente así, más de los que yo creía. Ellos se sienten admirados cuando su pareja comienza a escuchar música que a ellos les gusta, empiezan a realizar actividades que ellos realizan, leen libros recomendados por ellos y modifican, poco a poco, sus opiniones y creencias para ir amoldándose a las de la pareja que admiran hasta llegar a ser un clon de su propia pareja, sin personalidad, opinión propia o respeto por si mismos que, por el echo de ser sólo una copia, quedan relegados a la invisibilidad pública.

Yo, por el contrario, soy una persona dura con creencias y formas de hacer las cosas bastante estáticas. Para cambiar de idea, de verdad, no solo de boquilla por aquello del que me dejen tranquilo, necesito argumentos de peso constatados, si puede ser, por estudios realizados por personal cualificado. Esto hace que para mi no sea viable el tener una relación con un fan demandante.  

El tiempo pone las cosas en su lugar, como bien decían nuestros ancestros, sin ir más lejos mi abuela, que es el ancestro vivo más cercano que tengo. El mismo tiempo, y las experiencias de la vida, nos enseñan, si queremos aprender, y nos dan las respuestas a todas esas cosas que nos van sucediendo en el camino. Con ello tenemos dos opciones aprender o caer en la misma piedra, ambas son correctas y ambas son posibles. La vida esta para vivirla ¿no? ¿Pues porque no caer en los mismos errores entonces? Como he dicho yo no soy fan, pero igual me gusta la piedra… ;)

El palomo del amor


Esta mañana he visto a un palomo intentando "cortejar" a una linda palomita y no he podido dejar de darme cuenta de las similitudes que el cortejo animal tienen con el humanos.

Por Cristo rodríguez

A pesar de que el ser humano se cree una raza muy superior al resto de los animales, en muchas cosas, pero mucho mas en el cortejo, se parece a las especias menos evolucionadas de nuestra fauna mundial.

Que hace un palomo:

1.  Se acerca a la palomita, que esta con su grupo de amigas, y hace como que come mientras se deja ver.

2.  Como la palomita pasa de el, él se engalana. Levanta la cabeza, saca pecho y, ha cierta distancia eso sí, hace unos ruiditos de macho fuerte y grandón.


3.  Como estas tácticas no dan resultado, se acerca todo lo que puede a la palomita hasta rozarla con sus plumas para ver si eso da funciona.

Y como los humanos sabemos que nada de eso dará resultado hasta que la palomita este preparada lo miramos con cierta simpatía y pena mientras que él continua ciegamente hasta finalmente conseguir a la palomita en unas cuantas semanas más.

Lo que hacen los humanos:

1.  Repiten casi de forma fiel los pasos 1, 2 y 3.

2.  Hay que reconocerlo, algunos palomos no llegan ni siquiera al paso 2, se dan por vencidos antes de tiempo y no prueban ni a acercarse a a la palomita que les gusta.


Cuando esto no da resultado tienen varias opciones:

1.  Dejan a la “palomita” guapa y se van con una de las amigas que parece estar mas dispuesta a aparearse. Esta es, casi siempre, la opción más usual y menos dolorosa, al menos para la palomita.


2.  Desisten de su empeño, por ese día, se emborrachan con sus amigos, se deprimen junto a su resaca del día después y vuelven a intentarlo más adelante con otra palomita menos si la autoestima, o las copas demás, los deja.

3.  Solo unos pocos persisten de forma gallarda hasta que por fin consiguen a la palomita por la que beben los vientos.

4.  Y, como excepción pero no poco usual, unos pocos desalmados fuerzan a la palomita, aunque, dejando eufemismos a un lado, la palabra correcta sea violar.

Y así somos, porque evidentemente somos la especie más evolucionada del planeta. ¿No es así? ¡Olé nuestros huevos!

sábado, 2 de febrero de 2013

La tensión de las tres citas en una noche


Mi teléfono necesita ser reparado, de nuevo. No es que me preocupe el echo de que me lo tengan que arreglar, que para eso pago un seguro que me cubre los gastos de reparación y además me ofrecen uno mientras reparan el mío, lo que realmente me preocupa es no tener mis contactos a mano y cargarla como la última vez que mi móvil se enfermó.

Por Cristo Rodríguez.

Allá por el mes de agosto tuve un pequeño accidente con mi teléfono inteligente y se me rompió el cristal trasero. Así que, con todo el dolor de mi alma, tuve que dejarlo marchar y quedarme con un teléfono de sustitución con más años que mis tres abuelos juntos (quizá un poco menos), supongo que todo aquel que haya tenido que desprenderse de su móvil inteligente durante algún tiempo sabrá de la dificultad de permanecer alejado de él.

El echo de no tener un teléfono que te de acceso a diversas actividades,  y a todas las páginas de contactos durante todo el día en los tiempos que corren, es un gran problema. Sobre todo para los que casi somos adictos a este tipo de tecnologías. Los primero días sin mi teléfono y sin la posibilidad de chatear allá donde quisiera fue una prueba dura que el destino me impuso. Pero no sabía yo que lo peor estaba por llegar.

Como es natural en los tiempos que corren, uno no puede agarrarse a un solo clavo. En esta vida hay mucha competencia y si uno quiere tener un buen trabajo tiene que intentar conseguirlo solicitando ese buen trabajo en la mayor cantidad de empresas posibles para poder tener una mínima oportunidad de conseguir dicho trabajo. Pues bien, digamos que con los novios o amantes uno tiene que hacer lo mismo. Si te juegas todas tus cartas a una sola persona, lo más probable, es que pierdas la partida. Con esta filosofía del cuanto más abierta sea la apuesta más posibilidades hay de entrar, me enfrento yo a la vida amorosa. Esta filosofía me funciona más o menos bien, cuando una persona no puede quedar conmigo tengo a otra que si puede, y si ninguna de las dos pueden pues procuro tener una tercera o cuarta que si podrá. Y para controlar que todos estos movimientos sincronicen, no hacer daño a nadie y probar a que todos estemos contentos se necesita un aliado que te ayude en la tarea.

Como ya he dicho, en el pasado mes de agosto me quedé sin teléfono que me ayudase a controlar mi calendario, me dejaron uno de préstamo en el cual no tenía agenda alguna y yo andaba con varios frentes amorosos abiertos. Un mal cocktail que casi termina conmigo en urgencias, o por un ataque nervioso o por asesinato múltiple, no con múltiples muertos sino con múltiples asesinos.

Cierta tarde le mandé a uno de los chicos (número 1) con los que me estaba viendo un mensaje para ver si le apetecía quedar, a lo cual no recibí respuesta.  Otro de los chicos (número 2) me mandó un mensaje para quedar y yo le dije que por supuesto podíamos vernos esa noche en mi casa, así que le mandé mi nueva dirección. Al poco tiempo recibí otro mensaje (número 2) preguntándome si nuestra cita seguía en pie a lo cual yo respondí que si, a lo cual le siguió un mensaje preguntándome dónde vivía, esto despertó una ligera sospecha en mi que me hizo revisar los últimos mensajes, con lo que pude ver que la persona que me estaba mensajeando no era el número 2 sino el número 3. En un plazo de una hora, había pasado de no tener plan para la noche, a quedar con dos chicos sin que ninguno de ellos supiera que había quedado con el otro. Así que decidí hacer algo que la mayoría de los adultos hemos aprendido a hacer con el tiempo, no responder el mensaje del número 3. El problema parecía resuelto. De nuevo sólo había quedado con el número 2, el cual me escribió diciendo que tenía que coger el coche y que si era difícil de aparcar en mi zona, -no lo se- le respondí y me contestó que entonces se pensaba si venir o no. Al no responder durante veinte minutos, entré en pánico y le mandé un mensaje al número 3. Número 1 respondió (¡después de dos horas!), “Ok, voy a tu casa”. Otra vez en el lío, la situación se complicaba, se solucionaba y se complicaba de nuevo. Sin saber que hacer, y cavilando que excusas  podría utilizar para librarme de uno de los dos, decidir con cual de los dos me apetecía más quedar… Todo muy complicado con lo que mi nivel de estrés iba escaladando hasta llegar al desasosiego. Al fin y al cabo sólo tenía que lidiar con dos de ellos, cuando el número 2 se decidió, “Ok, cojo el coche de mis padres y estoy allí en 30 minutos”. ¡Oh no! Tres citas en la misma noche. ¡¿Quién puede con eso?! ¡Y todos a mi casa! Tenía que actuar rápido o en breve la hiperventilación me iba a hacer caer redondo al suelo, por lo menos así tendría la escusa perfecta. “Sabes que, no me encuentro muy bien y mañana madrugo, así que mejor me quedo en casa”, con este mensaje el número 3 se retiraba de la competición. Este mensaje que en cualquier otro momento me hubiese fastidiado me llenó de gozo. Ahora sólo tenía un problema del que librarme. “¿A que hora tenías pensado venir a mi casa?” El número 1 recibió este mensaje de mi parte, al que tras no contestar en quince minutos, me di por enterado de que no vendría y si venía podía decirle que al no responder había quedado con un amigo. Ya sólo quedaba el número 2 en juego. Así que esta noche me jugaría mis cartas al número 2.

El número 2 se retrasaba y tras varios mensajes entre nosotros, en los cuales yo le insistía diciendo que había donde aparcar cerca de mi casa, etc. etc., decidió que ya era tarde y que no vendría a mi casa.

Así que así me quedé sólo, como si fuera un castigo del cielo, de cupido o de todos los dioses del olimpo. Aunque tengo que confesar que nunca he estado más feliz de dormir sólo en mi vida. La paz se apoderó de mi cuerpo y de mi alma, dormí como un angelito toda la noche del tirón. 

Del número 2 no he vuelto a saber. El número 1 lo sigo viendo de vez en cuando, pero ahora estamos en el proceso de intentar se sólo amigos.El número 3 sigue insistiendo en quedar conmigo, aunque ahora tiene la escarlatina y no nos veremos en un tiempo, ya se verá.

El número 0, osease yo, como dije al principio, esta preocupado por la perdida de su móvil otra vez. Aunque a decir verdad, aprendí la lección, por lo menos por un tiempo, ahora intento tomarme las cosas con tranquilidad, de uno en uno. Así no me atraganto y mi salud mental permanece intacta. Aunque no se si en el futuro la lección se me olvidará o no. Por lo pronto, en breve, me quedaré sin móvil otra temporada (espero que corta), así que no creo que tenga tiempo de olvidarlo… Creo…Espero…

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El poder del NO


Es curioso como una simple palabra puede hacernos sentir tal bien o tal mal con nosotros mismos en función de si la utilizamos o no con respecto a nuestra necesidad y conveniencia.

Por Cristo Rodríguez

En tan sólo un fin de semana he podido experimentar en mis propias carnes lo bueno y lo de malo de decir o no decir NO a algo que no quieres hacer, bien sea por convicciones, deseo, necesidad o ganas. El viernes por la noche no quería salir, estaba totalmente convencido de ello, pero finalmente una llamada por teléfono me convenció, cambie de planes y salí a “disfrutar” de la noche en Oslo. He de decir que fue una noche genial, me lo pase como un enano y, hacía mucho tiempo que no me alegraba tanto de haber dicho que sí a algo que, en principio, no quería hacer. Esa misma noche se me acercó un chico con el que había hablado varias veces y me dijo que cuándo íbamos a quedar en privado y blablablá, yo le dije que si quería tomar un café un día era genial por mi, pero que poco más íbamos a tener, el me preguntó que porqué, que si no me gustaba y yo le dije que no. El sujeto en vez de aceptarlo tal cual me miró con cara de incredulidad y me dijo, ¿me lo estás diciendo en serio?, yo le dije que si y, por suavizar le comenté que no tenía que ver con que él no fuese guapo que lo era sino con que a mi NO me gustaba. Indignado se fue de mi lado y yo volví con mis amigos a seguir bailando feliz de haber sido capaz de ser sincero. No me preocupó hacerle daño porque no se lo hice en ningún momento, el chico en vez de sentirse herido por mi negativa se sintió en plan “como puede ser que YO no te guste a TI”, con lo cual ningún remordimiento vino a mi cabeza después.

El sábado por la noche salí de nuevo, lo llevaba esperando toda la semana porque, según mi parecer o convencimiento, al cambiar la hora, podríamos disfrutar, en esta ciudad en la que todo cierra a las tres de la noche, de un hora más de “marcha desenfrenada”. La cosa no fue así, a las tres fueron las dos y, por un día y sin que sirva de precedente, espero, todo cerró a las dos. Pero bueno, esto no es a lo que quería yo llegar. El caso es que, estando en mitad de la pista de baile me encontré con un viejo conocido, el cual vino hacia mi con bastante ímpetu. Durante toda la noche estuvo intentando bailar conmigo, tocarme, acercarse, a pesar de algunos de mis “necesito espacio para hablar”, “si sigues tan cerca no puedo moverme”, “no me toques tanto” y comentarios de esa índole. Yo creía que el chico se había dado por enterado de que yo no quería nada con el, aunque a su pregunta de “¿Te vas a venir conmigo esta noche?” Yo le contesté con un abierto “ya veremos”, pero cuando todo terminó (¡A las dos de la mañana!) el chico, tras una charla de apoyo moral de un amigo suyo, me siguió hasta la parada de autobús. Allí hablamos un rato, me dijo que le gustaba y yo le comenté que normalmente no me voy a casa con gente por la noche porque no me gusta cuando la gente esta bebida, a lo que, obviamente, contestó que él no estaba bebido. Unos besos en el cuello, un roce de cuerpos, cubiertos de mucha ropa, y una cara de deseo era la estampa que podía verse. Ante mi frialdad la situación cambio ligeramente, de tal forma que el comenzó a llamarme frío, creído y cosas por el estilo, a las que yo asentí con fruición. Parece que sientes mejor que nadie, ¿no? Pues sí, me sentía mejor que nadie, normalmente me siento así cuando salgo desde mi posición de abstemio de los últimos meses y de chico duro que no se va a casa con cualquiera por muy caliente que me encuentre, la posición que da el valorarse uno mismo. Finalmente llegó mi autobús, yo le dije, este es el mío, y el me dijo, no lo vas a coger, tu te vienes conmigo. Sí, sí, lo voy a coger, le respondí, si quieres algo de verdad ya te pones en contacto conmigo durante la semana, tomamos un café y ya vemos que pasa. Y así lo dejé, con su calentón, su opinión sobre mí persona y el frío que le tuvo que producir el irse andando y sólo a casa.

El domingo, como era de esperar, me encontraba de calentón, y el subidón de ego del sábado aun me ponía más caliente si cabe. Así que decidí quedar con un chico con el que llevaba hablando un tiempo por gaysir. Allí estaba el a las 22 de la noche de un frío domingo de casi noviembre en la puerta de mi casa. Desde el primer momento que lo vi sabía que no quería nada con el, pero con el frío que hacía fuera y después del viaje que había hecho de su casa a la mía, decidí dejarlo entrar y estuvimos hablando un rato. Al ver que la cosa no iba a ningún sitio se decidió a irse con un “bueno, y qué hacemos, ¿quieres dormir ya o qué?”. Por compromiso más que otra cosa lo besé, en cuanto se quitó la camiseta me reafirme en que el chico no me gustaba en absoluto. Aún así no sabía como parar la situación llegados a este punto, así que ahí estaba el haciéndome una mamada mientras que yo no quería mirarlo por la grima que me daba. Por suerte en menos de cinco minutos comiéndome la polla se corrió, llegándome un poco de su esperma a la pierna incrementando la sensación de malestar y suciedad que me invadió desde el segundo beso que nos dimos. Tras terminar, me pregunto si quería correrme a lo que apresuradamente dije que no, que estaba bien así. Sin decir mucho más nos despedimos, haciendo la despedida lo más corta posible e intentando disimular mi incomodidad, de la que el pareció no percatarse.

El placer y bienestar que el NO del sábado me provocó, se convirtió en triste decepción el domingo por la noche. Así de fácil, todo se derrumbó como si estuviera construido en polvo. Una simple palabra, un simple gesto, una simple actitud que tiene una respuesta directa sobre nuestro psiquis y estado de ánimo positivo o no dependiendo de si tomamos esa actitud, decimos esa palabra o esgrimimos ese gesto. Así de fuerte es el NO. Así de fuerte es sobre nosotros y los que nos rodean, pero no hay que olvidarse de algo muy importante, el primero que nos importa en primera instancia es siempre el Yo y el psiquis propio, si nos encontramos bien con nosotros mismos, podemos estar bien con los demás y eso nos devuelve más confianza y positividad aun. El NO no es fácil, el truco esta en entrenarlo y, a veces, flexibilizarlo un poco, pero sólo hasta un límite que no nos perjudique.

Yo en una fiesta

Lo de ir a una fiesta en casa de gente no es nada normal para mi, asiduamente no estoy invitado y cuando lo estoy, no puedo ir por motivos laborales, familiares o quizá, simplemente, porque no me apetece. Pero las veces que voy, normalmente acabo siguiendo el mismo patrón una y otra y otra y otra y otra vez…


Por Cristo Rodríguez

Hace unos cuantos meses me invitaron a la fiesta de cumpleaños de un amigo de una amiga.  Todos los participantes de la fiesta, excepto mi amiga, eran hombres y homosexuales, un cockteil explosivo sino fuera porque todos estaban o iban emparejados. Antes de la fiesta le comenté a mi amiga que me dijera quienes eran parte de los participantes, no quería yo encontrarme con alguien allí con el que me fuera a sentir incomodo. Sobre todo quería saber quien era el cumpleañeros, para comprobar si había tenido algún tipo de escarceo cibernético  o real con él. Mi sorpresa no fue no conocer al cumpleañeros, mi sorpresa fue saber que el cumpleañeros me conocía a mi. Con parte de la información en la mano allí me presenté, con mi amiga, el sábado por la noche. En principio había decidido no ir a la fiesta porque tenía que trabajar, pero finalmente me decidí puesto que no salí demasiado tarde del trabajo. Al llegar allí todos los ojos se volvieron a mi, fue una de esas pocas veces en la vida en que sabes que casi todos los que están en la sala desean echarte un polvo. No en vano, era evidente que mi amiga y yo éramos los únicos solteros de la sala, y teniendo en cuenta que mi amiga es una mujer, el único pedazo de carne de la sala que estaba libre y comestible era yo. La sensación, he de confesar, me encantó. De todos los posibles, había uno, solo uno que llamó mi atención, y hacía el dediqué mis esfuerzos durante parte de la noche.

En cierto momento me encontré, encantado, sentado entre tres hombres, cada uno de los cuales quería robar mi atención a los otros, y entre ellos sólo uno que me interesase, el uno del que he hablado en el párrafo anterior. Pero allí me encontraba yo encerrado entre tres, queriendo estar con uno y sin posibilidad de escapar. Mi mayor sorpresa fue cuando el anfitrión cumpleañero y marido del dueño del piso dónde nos encontrábamos me confesaba hasta el hartazgo cuanto le gustaba, desde cuanto tiempo y como me seguía de camino a mi casa algunos días que me veía por la calle. Una situación bastante incómoda de la que salí por la tangente.



De repente el que me gustaba salió fuera del piso mirándome y yo lo seguí Así de simple fue para mi repetir mi patrón de actuación en las fiestas gays caseras. Allí, en mitad del pasillo a los ojos de todas las mirillas de la planta, estábamos él y yo comiéndonos a besos, sin poder detener las manos que rozaban todo lo que decentemente se puede rozar y se introducían donde la decencia comienza a perderse. Yo antes de ir a la fiesta previne a mi amiga sobre mis acciones en las fiestas, “yo siempre que voy a una fiesta gay, acabo con alguien en el baño comiéndole el nabo”. Así que, para ser fiel a mi mismo allí y a mi patrón dejé correr mis instintos primarios. Allí estaba yo comiéndole la polla a un cubano en el pasillo de un edificio junto al rio Aker en Oslo a muchos kilómetros de nuestras países y muy cerca del que me acababa de confesar que estaba loco por mi, ¡su amigo el cumpleañero! El mismo que minutos después salió y nos encontró en el pasillo recomponiendo nuestras ropas. Su cara fue igual que la de alguien que descubre que su pareja le engaña. Yo, no sabia que papel jugaba, si el de la pareja o el del amante. Con cara de culpabilidad el cubano y yo, y con cara de cabreo el cumpleañero volvimos al piso. El cubano, al cual su novio-amante-marido estaba esperando en casa, se fue no mucho después del percance, dejándome a mi con las ganas de llevármelo a casa y al amigo con la impotencia de no poder cantarle las cuarenta en unas horas cuando se encontrase un poco más bebido.

Mi amiga y yo nos retiramos los últimos de la fiesta. Sin ningún pudor, porque a mi no me pilla esto de nuevas, porque tal y como le dije a mi amiga, yo tengo experiencia en estas lindes. No en vano, no era la primera vez que me encontraba en mitad de una fiesta, comiéndome la polla a alguno de los asistentes y quizá, con suerte, tampoco será la última…

Niveles

Followers

LUJURIA © 2008. Template by Dicas Blogger.

TOPO