Mostrando entradas con la etiqueta pecados actuales.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pecados actuales.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Yo en una fiesta

Lo de ir a una fiesta en casa de gente no es nada normal para mi, asiduamente no estoy invitado y cuando lo estoy, no puedo ir por motivos laborales, familiares o quizá, simplemente, porque no me apetece. Pero las veces que voy, normalmente acabo siguiendo el mismo patrón una y otra y otra y otra y otra vez…


Por Cristo Rodríguez

Hace unos cuantos meses me invitaron a la fiesta de cumpleaños de un amigo de una amiga.  Todos los participantes de la fiesta, excepto mi amiga, eran hombres y homosexuales, un cockteil explosivo sino fuera porque todos estaban o iban emparejados. Antes de la fiesta le comenté a mi amiga que me dijera quienes eran parte de los participantes, no quería yo encontrarme con alguien allí con el que me fuera a sentir incomodo. Sobre todo quería saber quien era el cumpleañeros, para comprobar si había tenido algún tipo de escarceo cibernético  o real con él. Mi sorpresa no fue no conocer al cumpleañeros, mi sorpresa fue saber que el cumpleañeros me conocía a mi. Con parte de la información en la mano allí me presenté, con mi amiga, el sábado por la noche. En principio había decidido no ir a la fiesta porque tenía que trabajar, pero finalmente me decidí puesto que no salí demasiado tarde del trabajo. Al llegar allí todos los ojos se volvieron a mi, fue una de esas pocas veces en la vida en que sabes que casi todos los que están en la sala desean echarte un polvo. No en vano, era evidente que mi amiga y yo éramos los únicos solteros de la sala, y teniendo en cuenta que mi amiga es una mujer, el único pedazo de carne de la sala que estaba libre y comestible era yo. La sensación, he de confesar, me encantó. De todos los posibles, había uno, solo uno que llamó mi atención, y hacía el dediqué mis esfuerzos durante parte de la noche.

En cierto momento me encontré, encantado, sentado entre tres hombres, cada uno de los cuales quería robar mi atención a los otros, y entre ellos sólo uno que me interesase, el uno del que he hablado en el párrafo anterior. Pero allí me encontraba yo encerrado entre tres, queriendo estar con uno y sin posibilidad de escapar. Mi mayor sorpresa fue cuando el anfitrión cumpleañero y marido del dueño del piso dónde nos encontrábamos me confesaba hasta el hartazgo cuanto le gustaba, desde cuanto tiempo y como me seguía de camino a mi casa algunos días que me veía por la calle. Una situación bastante incómoda de la que salí por la tangente.



De repente el que me gustaba salió fuera del piso mirándome y yo lo seguí Así de simple fue para mi repetir mi patrón de actuación en las fiestas gays caseras. Allí, en mitad del pasillo a los ojos de todas las mirillas de la planta, estábamos él y yo comiéndonos a besos, sin poder detener las manos que rozaban todo lo que decentemente se puede rozar y se introducían donde la decencia comienza a perderse. Yo antes de ir a la fiesta previne a mi amiga sobre mis acciones en las fiestas, “yo siempre que voy a una fiesta gay, acabo con alguien en el baño comiéndole el nabo”. Así que, para ser fiel a mi mismo allí y a mi patrón dejé correr mis instintos primarios. Allí estaba yo comiéndole la polla a un cubano en el pasillo de un edificio junto al rio Aker en Oslo a muchos kilómetros de nuestras países y muy cerca del que me acababa de confesar que estaba loco por mi, ¡su amigo el cumpleañero! El mismo que minutos después salió y nos encontró en el pasillo recomponiendo nuestras ropas. Su cara fue igual que la de alguien que descubre que su pareja le engaña. Yo, no sabia que papel jugaba, si el de la pareja o el del amante. Con cara de culpabilidad el cubano y yo, y con cara de cabreo el cumpleañero volvimos al piso. El cubano, al cual su novio-amante-marido estaba esperando en casa, se fue no mucho después del percance, dejándome a mi con las ganas de llevármelo a casa y al amigo con la impotencia de no poder cantarle las cuarenta en unas horas cuando se encontrase un poco más bebido.

Mi amiga y yo nos retiramos los últimos de la fiesta. Sin ningún pudor, porque a mi no me pilla esto de nuevas, porque tal y como le dije a mi amiga, yo tengo experiencia en estas lindes. No en vano, no era la primera vez que me encontraba en mitad de una fiesta, comiéndome la polla a alguno de los asistentes y quizá, con suerte, tampoco será la última…

martes, 25 de agosto de 2009

¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas?

Recientemente me han hecho esta pregunta. ¿Cuál es la razón por la que me marcho a NY con billete de vuelta pero sin “fecha de vuelta”? Es cierto que siempre hay razones para marcharnos de un lugar. Puede que cuando tomamos la decisión nos sintamos de una forma y después, cuando tenemos el billete en la mano, cambiemos de parecer y tengamos que buscar nuevas excusas para marcharnos. Sin embargo, ¿Hay que justificar siempre nuestras reacciones? ¿Sobre todo teniendo cuando que esas reacciones son a causa de la acción del amor, o mejor dicho del desamor?

Cristo Rodríguez

El otro día me encontraba hablando, a través de Facebook, con un amigo (ex–amante) de la situación de su país
y de lo dura que se está poniendo allí la situación gracias a la actividad cada vez más caciquista de su presidente. Al terminar mi jornada laboral me marché a disfrutar del gazpacho que había preparado el día anterior no sin antes despedirme. Cuando llegué a casa tenía un mensaje de mi amigo en el que me preguntaba si podía venir a mi casa a tomar un poco de gazpacho. Yo muy educadamente le dije que sí, al fin y al cabo después de casi cinco meses sin vernos ya tengo el corazón curado y el tipo es bueno para conversar.
La situación por la cual llegamos hasta esta quedada, es muy sencilla y a la vez complicada. Después de meses de conocernos vía Bakala y Messenger, a fines del 2008 quedamos para formalizar ese polvo tantas veces dialogado cibernéticamente. El motivo por el cual tardamos tanto en quedar fue, sobre todo, mi actitud reacia hacia el casquete rápido. Cuando se es una persona que busca el amor, aunque uno no se de cuenta, no te sientes cómodo con ese tipo de relaciones tan frías. El tiempo hablando y, evidentemente, el calentón, que todos de vez en cuando tenemos, fueros los motores que me hicieron ir hasta la casa de “el calvo”. Quizá no suene demasiado bien, pero como siempre tengo tantos líos, necesito nombrar a las personas con algún tipo de calificativo para que mis amigos se enteren de quién hablo cuando les cuento algo. Por esa fecha, además de “el calvo” yo estaba quedando con un par de personas más y algún que otro esporádico, todo esto, evidentemente, llevaba a mis amigos a un no comprender la situación si le hablaba de nombres e, incluso, me hacía perderme a mí mismo.


Comienzo inesperado
Después del polvo me quedé a dormir con él. A la mañana siguiente salió a comprar el desayuno y cuando llegó devoramos casi todo. Entre arrumacos y caricias me dijo que tal y como estaba se encontraba bien y que no quería ningún tipo de relación por el momento. Quizá una relación tormentosa lo había roto y en su proceso de recomposición sólo le apetecía disfrutar del momento, pensé. Yo por mi parte lo comprendí y acepté la situación. A partir de ese momento seguimos quedando bastante a menudo y de una u otra forma yo fui perdiendo el rumbo. Fines de semana completos juntos, compras en el súper, alguna que otra salida nocturna, mañanas de domingo despertando entre café y periódico, pinnics caseros encima de la cama... Y, para colmo, un Madrid nevado como nunca antes había visto. Todo cubierto de un aura de romanticismo que fue carcomiendo mi apetito sexual por otras personas y aumentando mi deseo de todo tipo hacia él. Cuando me quise dar cuenta, a mediados de marzo, me encontraba enamorado de alguien que, si tenía claro algo en la vida era que, no estaba enamorado de mí.
Después de una noche de cumpleaños de verdadera locura y una corta charla, yo volví a mi casa a recomponerme de nuevo, y él siguió con su vida sin más, como suele ocurrir en estos casos.


A recomponerse
Tras unos meses con poco contacto a través de Messenger, Facebook y algún que encuentro callejero, fuimos recuperándonos amistosamente y esto nos lleva hasta el momento en el cual “el calvo” se encontraba en mi casa.
Entre sorbos de gazpacho, cigarrillos y algún eructo encubierto, fuimos manteniendo una conversación que derivó en mi futura marcha a Nueva York y con el tema la famosa, e insistente, pregunta ¿Por qué decidiste irte? Yo le respondí lo que siempre digo a todo el mundo. Dos de mis pocos amigos (los de verdad, no los “seudo”) se van de la ciudad, una tercera está casada y la que resta no tiene mucho tiempo para mí… Así que, excusa perfecta. Si me quedo sólo en esta ciudad ¿Por qué no estar solo en otra ciudad cualquiera? Esa es la respuesta oficial. Y aunque en esa contestación hay mucho de verdad, lo que no quise decirle, pero supongo que ambos sabemos, es que el motivo por el cual tomé esta decisión fue él. A fines de Marzo me encontraba tan mal que, una vez que supe que mis amigos se iban, decidí marcharme también. Aunque claro, la cosa cambia y lo que, en principio, era un motivo lo suficientemente fuerte para largarse de Madrid, se ha ido disipando, al igual que el amor.
Cuando uno se va de un lugar hay multitud de razones. Muchas cosas para responder, muchas verdades que, a veces difieren. Yo me vine de mi Badajoz natal para ser actor en Madrid, aunque también buscaba el amor (casi desesperadamente), ninguna de las dos cosas salió bien, igual no lo intenté con todas mis fuerzas o, quizá, erré el camino. Ahora me marcho a NY, motivado por un desamor que ya pasó y en busca de un nuevo amor que no sé si encontraré. Pero lo mejor está en eso… En el no saber…

Con esta, digámoslo claro, huida, también surgen muchas dudas, miedos... ¿Y si espero más de lo que NY ofrece? ¿Huir de nuevo? ¿Qué ocurre si encuentro el amor antes de irme? Y la peor de todas, en mi caso, ¿Y si ya lo he encontrado…?

Niveles

Followers

LUJURIA © 2008. Template by Dicas Blogger.

TOPO