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miércoles, 12 de junio de 2013

Cuando me enamoro soy gilipollas


En eso ando pensando ahora. Esta noche, mientras me lavaba los dientes, me ha dado por pensar en cuan idiota soy cuando estoy enamorado y en las cosas tan estúpidas que hago por amor.

Por Cristo Rodriguez

Corría el verano del 2010 y yo me ponía enfermo con fiebres altas de origen desconocido. La odisea de las fiebres, mi doctora y demás darían para escribir un manual de lo que un médico no debe hacer jamás, pero aquí estoy para hablar de otra cosa. Con dichas fiebres fui ingresado en un hospital de Madrid, mi madre vino a cuidarme debido a que no tenía mucha más gente en la ciudad que pudiera hacerse cargo de mi. Desde mi estado de invalidez temporal, me puse en contacto con mi novio, noruego y residente en Oslo, vía mensajes, llamadas y demás.

Mi novio y yo nos conocimos en NY el enero de 2010 y a esas alturas habíamos decidido y después de habernos hecho las correspondientes pruebas de diagnóstico de ETSs varias. Las pruebas de VIH dieron un resultado negativo, a consecuencia de ello decidimos comenzar a practicar sexo sin preservativo aún estando en una relación a distancia con lo cual el nivel de confianza debería ser mayor de lo normal.

Cada vez que me comunicaba con mi novio le pedía que viniera a verme, que me hacía falta y que con lo mal que me encontraba me gustaría mucho verlo. Él se excusaba diciendo que tenía mucho que hacer y que ya vería si podía venir a verme el fin de semana. Mientras tanto el médico me comunicó que mis fiebres podrían ser causadas por una primoinfección de VIH. Mi malestar se acrecentó los días que transcurrieron desde que el médico me comunicó esto y me tomo las pruebas un jueves. Los resultados llegaron a los 4 días, transcurrido todo el fin de semana de rigor y pausa español. Durante todo ese tiempo yo no me atrevía a decirle nada a mi novio y trataba de ponerme en la situación de tener que comunicarle dicha noticia y decirle que yo no había estado con nadie durante todo ese tiempo con lo cual el causante de mi infección debería haber sido él. Lo peor de todo ese tiempo no era pensar que podría tener la enfermedad, sino pensar además que una de las  personas a la que más quería en ese momento me hubiese traicionado de esa manera. En el fin de semana y debido a su cantidad de trabaja en la universidad casi no tuvimos contacto, lo cual, aunque me hizo sentir mal, fue liberador por el hecho de no tener que comentarle nada sobre la prueba.

El lunes a última hora, cuando no podía aguantar más de tanta información como había leído en Internet en mi espera, me dieron los resultados. Durante la espera, tengo que decirlo porque pensando ahora en ello no se como pudo suceder, mi madre me estuvo apoyando en todo momento y diciéndome que si daban positivo no pasaba nada, que ahora hay buenos tratamientos y que no era un problema tan grande, ahora se que mi madre estaba tan acojonada como yo, pero sacó la valentía de donde no se tiene para hacerse la fuerte frente a mi y ser mi bastón para que no me hundiera en el caso de que los resultados no fuesen los esperados. Los resultados resultaron ser negativos. Lo cual fue una alegría para mi madre y más para mi. La culpable de dicha fiebre era una garrapata del desierto almeriense que me debió picar durante mis vacaciones con mi novio y un par de amigos. Ahora que lo pienso no entiendo porqué no le pico a mi novio en vez de a mi…

La fiebre se fue, el mal estar duro un poco de tiempo más, y la flojera física aún más. Pero no hay nada que un tratamiento especial de antibióticos no pueda arreglar. Lo que duró mucho más fue la falta de apoyo de mi novio, ahora mi ex, por supuesto, el que, a pesar de ser estudiante, no pudo tomarse un fin de semana libre para venir a verme mientras mi hígado, bazo y pericardio se inflamaban y mi fiebre no bajaba en días. Al tiempo me contó el porqué no había venido, su excusa fue el no quererse encontrar con mi madre, eso me lo decía él después de casi haberme obligado a ir a la boda de su hermano.

Que hice yo tras su NO aparición por el hospital. Al darme el alta del hospital, donde había estado una semana, me compré un vuelo y fui a verlo a Oslo en plena recuperación con un estado físico bastante desmejorado. Eso hice, le regale a él mi presencia como recompensa por no haber estado conmigo en un momento tan duro en el que lo pasé tan mal. 

Que voy ha hacer, así soy yo, el amor me nubla la vista y no me deja ver cuando el otro no me quiere bien. Debe ser que, a veces o en las relaciones en general, siento que nadie más me va a querer nunca y por eso tengo tanto miedo de darme cuanta de que el otro en realidad no me quiere de la forma que debería. Pero ahí estamos, en el camino, a ver si con mis pronto cumplidos 32 años comienzo a darme cuenta de este tipo de cosas y aprendo del pasado.

lunes, 13 de mayo de 2013

El conejo de la suerte


Es curioso que para que para ligar con hombres, siendo un hombre homosexual, lo mejor el ir acompañado de una mujer. O, mejor dicho, y como mi propia amiga se denominó la pasada mañana, un conejo de la suerte.

Por Cristo Rodríguez

Mi amiga tiene, lo que vulgarmente se llamaría en España, un conejo entre las piernas. Un conejo, que cuando la chica es un poco mariliendres, es como el de Alicia en el país de las maravillas, un ser que es perseguido por maricas de todos los continentes porque saben que detrás de él o a través de él, en el mejor de los casos, se esconde la posibilidad de ligar con el amigo homosexual de dicha mariliendres. Pues bien, en esas estábamos la pasada noche, yo, tras mucho insistir, convencí a mi amiga para que me acompañase al nuevo local gay de moda de la noche Osleña, no es una gran cosa, pero que más se le puede pedir a esta ciudad.

Allí, la primera en ligar fue ella (¡como no!) que últimamente está que lo arrasa. Una linda chica se acercó a nosotros e intentó bailar conmigo, ¡conmigo!, yo que pensaba que la chica era una palurda que no se enteraba de que yo era un gay en un bar gay que no estaría interesado en ella le dije a mi amiga que era mejor huir de dicha pesada y bailar en otra parte.

Así que nos fuimos a unos pocos metros, al poco rato se le acercó un chico a mi amiga, un chico que yo conocía, y del cual gusto, de Gaysir (la pagina de contactos del país helado) y yo no cavia en mi de gozo pensando que el chico le hablaba de mi, cuando de repente llega la chica-palurda-a-la-que-yo-le-gustaba a la que resultaba que no era yo quien le gustaba sino mi amiga. ¡Mi gozo en un pozo! Mi amiga se disculpo de buenas maneras y le explico al chico que ella estaba allí acompañándome a mi y que no le gustaban las mujeres. El susodicho se presentó me habló un poco en su español aprendido en 6 meses (¡¡¡!!!) y yo que ya comenzaba a saborear las mieles de la victoria me quedé allí de pie y solo, en la soledad que uno se queda cuando lo dejan plantado, cuando el chico me dijo que volvía con sus amigos zanjando la conversación y cerrándola para siempre.

Me refugié en la danza con mi amiga hasta que divisé al hombre de mis sueños. Rubio, ojos azules, pelo largo enmarañado, brazo tatuado, guapo hasta decir basta y con un grupo de amigos de lo peor que uno se pueda encontrar en Oslo. Allí estaba mi Adonis esperando a que el destino nos juntase. Nuestras miradas se cruzaron y yo se lo dije a mi amiga, ella me empujaba hacia él y yo me resistía. Así estuvimos un rato el me mira yo lo miro y ninguna hacía nada hasta que mi amiga se ofreció a hacer de Celestina. La idea, que en un principio me pareció genial, comenzó en breve a parecerme absurda, así que, cuando ella iba de camino a decirle algo al chico, la paré y me lancé yo hacia él. Un Hola entrecortado y nervioso salió de mis labios. De esta forma comenzó todo, él estaba más que borracho, aun así no quería yo soltar a mi presa una vez que la había encontrado. El me preguntó con quién estaba y yo la señalé a ella, desde ese momento se hizo su mejor amigo. Hablaron en general de los temas de los que yo debería haber hablado con él, pero de una forma u otra fue ella quién nos unió hasta que él me preguntó si me apetecería irme de allí. ¿Por qué no? – dije yo. Lo siguiente un adió amiga y camino de su casa nos plantamos.

Allí me presentó a su perro y pasó, lo que en términos nocturnos, debía de pasar. Al terminar una ducha, un vaso con una pastilla de vitamina C y ¿tienes Facebook? ¡Sí claro! Tras esto un “lo siento, pero tengo que dormir solo hoy”. Ok, esta bien, lo entiendo (¡es la segunda vez en esta semana que me lo dicen no te preocupes!). Unos besos de despedida en la puerta y un Ha det godt.

A la mañana siguiente me desperté con un “me gusta” en una de mis fotos. Aún no había validado la solicitud de amistad, que yo mismo me había hecho desde su teléfono la noche anterior (con su consentimiento, he de decir), la cual tenía pensado no aceptar, pero ya que él había dado el paso de ver y poner algo en una de mis fotos, decidí cambiar de idea y decir Sí, quiero ser su amigo. Mi sorpresa llegó al ver que él Adonis que había conocido, era un ser amarrado por el yugo del compromiso. Le escribí a mi Conejo de la suerte para decírselo y me contesto que igual era una broma de esas que alguna gente pone en su Facebook. Acto seguido me puse a mirar todas su fotos. ¡¿Broma!? Que coño broma, no era una broma. El tipo tenía novio, más feo que yo, pero novio al fin y al cabo, y tenía pensado casarse con él. ¡Oh no! Esto si que era mi gozo en un pozo. ¡Por segunda vez en la misma semana!

A medida que el día ha ido pasando. El chico me ha escrito en Facebook, para decirme varias cosas, al principio sólo saludad y tal y después pedirme que no dijera nada de lo que paso (lo cual no estoy haciendo… jajajaja), tras esto me ha comentado que ha hablado con su novio de hacer un trío y que si me apetecía ser el tercero en discordia. Yo me he negado con un vago “lo pensaré, pero no me gustan los tríos con parejas, ni acostarme con gente con novio, gracias.” Así abierto, por si me lo pienso mejor no tener que arrepentirme de mis palabras.

En fin, no puedo decir que no, las cosas mejoran con un Conejo de la suerte. Al menos se movieron. Pero al igual que “la magia viene con un precio”, según dicen en la serie One upon a time, parece ser que la suerte también llega, sí, pero nunca sola, siempre viene con sorpresa…

lunes, 21 de septiembre de 2009

Tócala otra vez San (Valentín)

Inténtalo de nuevo, sigue jugando, la próxima vez será, sigue rascando… Hay multitud de formas de descubrir que esta vez no tuviste suerte. En el amor pasa lo mismo. Hay muchas maneras de darse cuenta de que este o esta no es “la persona” y que uno debe seguir su senda en solitario hasta que aparezca una nueva oportunidad.

Por Cristo Rodríguez

Cada vez que conocemos a alguien que hace latir nuestro corazón de una forma especial, con el que perdemos el miedo a introducirnos en el océano de su mirada, una persona que no tememos que se pierda en nuestra recóndita alma y que se convierte en nuestro horizonte… Cada vez que eso nos pasa, es fácil que la ilusión comience a correr por nuestras venas. Después de la primera, segunda, quinta, octava, undécima vez que nos defraudan, la ilusión corre un poco menos, pero sigue circulando al conocer a un ser que parece especial.

Por desgracia (o suerte), para muchos mortales, esto es como un acto reflejo e involuntario. Si alguien te hace tilín, el mecanismo del amor se pone en marcha. Incluso para los más escépticos. Pero ¿Qué ocurre con el tiempo?

Una opción u otra
Pues bien, frente a esa pregunta hay dos posibilidades claras. La más idílica de todas, y la que ocurre las menos de las veces, que uno y otro se complementen de tal forma que ese amor llegue a buen puerto y perdure a lo largo de los años. A ser posible, y dando un enorme voto de confianza –y esperanza-, hasta el final de los días. Es decir, la muerte.

Para la mayoría de los mortales la cosa es muy diferente. Los más suertudos se dan cuenta en breves semanas de que esa persona tan “especial” no era para ellos, o ellos no eran para esa persona. Los menos afortunados comienzan una relación que dura pocos meses y, con un poco de destreza, termina con el menor daño posible por ambas partes. Y los absolutamente desgraciados se embarcan en un proyecto de futuro con un ser con el que nada tienen que ver y terminan, como mínimo, como el rosario de la aurora. Claro está que estas posibilidades son ampliamente conjugables entre si y “elevables” a múltiples potencias.

Y uno, con cierto bagaje y experiencia se pregunta: ¿Tiene sentido? ¿Es lógico volver a intentarlo? Y en la más absoluta racionalidad, que otorga la cercanía de una relación fracasada, la opinión suele ser bastante generalizada, ¡claro que no tiene sentido enamorarse! Sí, es muy bonito, tiene sus cosas maravillosas, pero al final todo termina mal. La mayor parte de las veces es como un suicidio temporal. Y lo peor de todo, es que es un suicidio lento y, encima, premeditado.

Cambio de rumbo
La pregunta generalizada puede ser: ¿Qué sentido tiene un bloguero como yo que busca desesperadamente el amor hablando en contra del amor? Pues la respuesta es sencilla. Todo sentido que otorga una nueva desilusión, propia o ajena, eso da igual. Una nueva esperanza que se transformo en desesperanza. Los motivos, seguramente, serán múltiples. Al fin y al cabo, la única persona que los conoce es la depositaria de la esperanza.

Esto del amor es un juego. Yo juego a que no te hago caso para que te fijes en mí. Tu juegas a que no te intereso para ponerme a prueba y ver cuanto me interesas. El otro juega a hacerse el interesante para atraer a su “presa”. El de más allá intenta mostrarse tal cual es y conserva la esperanza de que lo acepten de esa manera… El juego del amor es absurdo, pero necesario. Sólo que, en ciertos momentos uno se cansa de jugar. La ruleta (¿rusa?) está bien hasta el momento en que casi lo has perdido todo y ya no te queda mucho más que apostar. Es cierto que siempre puede venir una racha de buena suerte, pero precisamente por eso es necesario, en ocasiones, retirarse a tiempo. Aunque muchas veces estés completamente seguro de que una de las mejores apuestas era esa que, por desesperanza o cansancio o falta de “señales”, dejaste de hacer.



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