domingo, 7 de julio de 2013

El placer de gustar


Hay veces en la vida, pequeños momentos, en los cuales lo más importante deja de ser el sexo. Cuando no podemos tener acceso a él, bien sea porque estamos muy ocupados o bien sea porque no encontramos a la persona con cual tenerlo y demás, simplemente el hecho de gustarle a los demás, de provocar el deseo sexual en otras personas puedes ser suficiente para satisfacer nuestras necesidades básicas.

Por Cristo Rodríguez

Aquí me encuentro, en la isla española menos española de todas, Las palmas de Gran Canaria. Aquí, dónde todo es sol, cuerpos con poca ropa, calor, agua, playa, fiesta y diversión, y por supuesto turistas, yo vengo por motivos laborales y no me queda casi tiempo libre para dedicármelo a mi mismo, ver a algunos conocidos que tengo por aquí o hablar con mi familia por Skype. Lógicamente hablar de echar un polvo esta más que descartado. Como ya he comentado anteriormente algunas redes sociales son muy actas para follar o, mejor dicho, buscar alguien con quien hacerlo. Cumplen su función a la perfección, pero claro, luego esta el factor humano, que le gustas a los que no te gustan, que los que te gustan no están interesados en ti, que si no tengo tiempo… Así que, en conclusión no funcionan tan bien como deberían. A lo que iba, aquí en la isla, he encontrado a varios chicos con los que me hubiese ido a la cama, no solo en las plataformas cibernéticas sino en alguno de los paseos que he dado por la isla. La zona en la que me encuentro está llena no sólo de turistas sino de turistas homosexuales, ya se sabe unir turista a sol y playa es hablar de sexo, pero unir turista homosexual a sol y playa… Para que voy a seguir. El caso es que a mi, por cuestiones laborales, solo me quedan libre las noches después de las 24 en casi todo el resto de Europa, una hora menos en Canarias, eso quiere decir que aquellos con los que quiero quedar tendrían que estar disponibles a esa hora, lo cual no ha ocurrido, así que no ha habido sexo.

Lo que sí ha ocurrido ha sido el hecho de que muchos se han fijado en mi, les he gustado y me han dicho guarradas muy bonitas. Lo cual, teniendo en cuenta que en Oslo mi atractivo sexual debe estar en mínimos porque no recibo piropos con asiduidad, me ha sentado muy bien y, como decía, me ha aliviado mi deseo-necesidad-o vaya usted a sabe qué de tener sexo. ¡Pero si incluso ayer me confundieron con un prostituto! No saben ustedes lo que sube la autoestima cuando a uno lo ven atractivo suficiente como para venderse en una isla en la que el 90% lo hace gratis.

Es curioso cómo el ser humano puede conformarse con tan poco. Un alago, una sonrisa, que se te queden mirando por la calle de forma descarada, que te digan que te han visto y que eres mucho más guapo en persona que en las fotos del perfil, que se crean que eres prostituto… Como esas pequeñas cosas de la vida hacen que nos sintamos mejor con nosotros mismos. Cuánto placer puede llegar a dar el recibir una sonrisa y lo íntimo que puede llegar a ser, muchas veces y en la mayoría de ocasiones es incluso más íntimo y placentero que el tener unos pocos y rápidos minutos de placer con un desconocido que acabas de ver en un chat del cual sabes poco y que te aporta aún menos a tu vida…

miércoles, 12 de junio de 2013

Cuando me enamoro soy gilipollas


En eso ando pensando ahora. Esta noche, mientras me lavaba los dientes, me ha dado por pensar en cuan idiota soy cuando estoy enamorado y en las cosas tan estúpidas que hago por amor.

Por Cristo Rodriguez

Corría el verano del 2010 y yo me ponía enfermo con fiebres altas de origen desconocido. La odisea de las fiebres, mi doctora y demás darían para escribir un manual de lo que un médico no debe hacer jamás, pero aquí estoy para hablar de otra cosa. Con dichas fiebres fui ingresado en un hospital de Madrid, mi madre vino a cuidarme debido a que no tenía mucha más gente en la ciudad que pudiera hacerse cargo de mi. Desde mi estado de invalidez temporal, me puse en contacto con mi novio, noruego y residente en Oslo, vía mensajes, llamadas y demás.

Mi novio y yo nos conocimos en NY el enero de 2010 y a esas alturas habíamos decidido y después de habernos hecho las correspondientes pruebas de diagnóstico de ETSs varias. Las pruebas de VIH dieron un resultado negativo, a consecuencia de ello decidimos comenzar a practicar sexo sin preservativo aún estando en una relación a distancia con lo cual el nivel de confianza debería ser mayor de lo normal.

Cada vez que me comunicaba con mi novio le pedía que viniera a verme, que me hacía falta y que con lo mal que me encontraba me gustaría mucho verlo. Él se excusaba diciendo que tenía mucho que hacer y que ya vería si podía venir a verme el fin de semana. Mientras tanto el médico me comunicó que mis fiebres podrían ser causadas por una primoinfección de VIH. Mi malestar se acrecentó los días que transcurrieron desde que el médico me comunicó esto y me tomo las pruebas un jueves. Los resultados llegaron a los 4 días, transcurrido todo el fin de semana de rigor y pausa español. Durante todo ese tiempo yo no me atrevía a decirle nada a mi novio y trataba de ponerme en la situación de tener que comunicarle dicha noticia y decirle que yo no había estado con nadie durante todo ese tiempo con lo cual el causante de mi infección debería haber sido él. Lo peor de todo ese tiempo no era pensar que podría tener la enfermedad, sino pensar además que una de las  personas a la que más quería en ese momento me hubiese traicionado de esa manera. En el fin de semana y debido a su cantidad de trabaja en la universidad casi no tuvimos contacto, lo cual, aunque me hizo sentir mal, fue liberador por el hecho de no tener que comentarle nada sobre la prueba.

El lunes a última hora, cuando no podía aguantar más de tanta información como había leído en Internet en mi espera, me dieron los resultados. Durante la espera, tengo que decirlo porque pensando ahora en ello no se como pudo suceder, mi madre me estuvo apoyando en todo momento y diciéndome que si daban positivo no pasaba nada, que ahora hay buenos tratamientos y que no era un problema tan grande, ahora se que mi madre estaba tan acojonada como yo, pero sacó la valentía de donde no se tiene para hacerse la fuerte frente a mi y ser mi bastón para que no me hundiera en el caso de que los resultados no fuesen los esperados. Los resultados resultaron ser negativos. Lo cual fue una alegría para mi madre y más para mi. La culpable de dicha fiebre era una garrapata del desierto almeriense que me debió picar durante mis vacaciones con mi novio y un par de amigos. Ahora que lo pienso no entiendo porqué no le pico a mi novio en vez de a mi…

La fiebre se fue, el mal estar duro un poco de tiempo más, y la flojera física aún más. Pero no hay nada que un tratamiento especial de antibióticos no pueda arreglar. Lo que duró mucho más fue la falta de apoyo de mi novio, ahora mi ex, por supuesto, el que, a pesar de ser estudiante, no pudo tomarse un fin de semana libre para venir a verme mientras mi hígado, bazo y pericardio se inflamaban y mi fiebre no bajaba en días. Al tiempo me contó el porqué no había venido, su excusa fue el no quererse encontrar con mi madre, eso me lo decía él después de casi haberme obligado a ir a la boda de su hermano.

Que hice yo tras su NO aparición por el hospital. Al darme el alta del hospital, donde había estado una semana, me compré un vuelo y fui a verlo a Oslo en plena recuperación con un estado físico bastante desmejorado. Eso hice, le regale a él mi presencia como recompensa por no haber estado conmigo en un momento tan duro en el que lo pasé tan mal. 

Que voy ha hacer, así soy yo, el amor me nubla la vista y no me deja ver cuando el otro no me quiere bien. Debe ser que, a veces o en las relaciones en general, siento que nadie más me va a querer nunca y por eso tengo tanto miedo de darme cuanta de que el otro en realidad no me quiere de la forma que debería. Pero ahí estamos, en el camino, a ver si con mis pronto cumplidos 32 años comienzo a darme cuenta de este tipo de cosas y aprendo del pasado.

De cuando uno absorbe y el otro se deja


En el mundo global en el que vivimos la gente se traslada desde su pueblo de origen hasta otra lugar, que puede quedar a miles de kilómetros de su ciudad natal, por diversos motivos. Esto no esta mal, pero las diferencias culturales existen y estas, en muchos casos, cuando son utilizadas por otros para su propio disfrute si que están mal, mucho más cuando se observan desde fuera.

Por Cristo Rodríguez

Sin quererlo yo me encontré el sábado pasado ante una situación un tanto peculiar de la que no pude evitar darme cuenta. En el equipo de bote dragón, en el que ahora me encuentro inmerso, hay una pareja. Uno de ellos es noruego y el otro chino (japonés, taiwanes o algo así), mis más sinceras disculpas a los asiáticos pero no tengo el ojo tan entrenado como para poder distinguirlos, en fin lo importante es que ambos vienen de culturas muy diferentes.

Una es una cultura donde la individualidad, necesidad de espacio, egoísmo y muchas veces egocentrismo están fuertemente arraigadas ¿adivinan cual? Sí, por supuesto, cultura noruega. La otra una filosofía basada en el ayudar y apoyar al prójimo, el altruismo y todas esas cosas que durante siglos han formado parte de las culturas asiáticas.

Estas diferencias son normales y positivas para ayudarnos a crecer como personas, países, regiones y hacernos mejores como humanidad. El problema viene cuando, en una pareja, uno de los dos toma ventaja de las cualidades del otro y lo absorbe como el que está comiendo caracoles. Esto no es sólo un problema dentro de la pareja, que ellos verán como resuelven, sino que no es plato de buen gusto para aquel que observa.

Situación 1: El uno cargado con dos remos, uno suyo y otro de su pareja, dos botellas de agua, la misma ecuación, y una bolsa con algo de comida, obviamente para ambos. El otro, nada en las manos. Quién es quién es tan obvio que no hace falta explicar cual es cual.

Situación 2 (la que más me impacto): mientas que él sujeto N (oruego) se encontraba sentado en el suelo tranquilamente tomando el sol, el sujeto A (siatico) le acercaba piedras, bajo comando del sujeto N (al cual una le parecía muy grande, la otra muy pequeña…), que le sirvieran al sujeto N como pesas para los ejercicios que íbamos a realizar.

No voy a hacer una gran reflexión, los hechos hablan por si solos, y evidentemente no todos los provenientes de una región tienen exactamente las misma cualidades o valores morales, pero a grandes rasgo, esto es una de la cosas que también nos trae la globalización y de la que no se habla. Un tabú que hay que comenzar a romper por el bien de muchos sujetos A, y similares, para que se den cuenta de cómo son tratados por otros sujetos N, y semejantes. Si tras darse aceptan la situación… Pues nada, ellos mismos…

lunes, 13 de mayo de 2013

El conejo de la suerte


Es curioso que para que para ligar con hombres, siendo un hombre homosexual, lo mejor el ir acompañado de una mujer. O, mejor dicho, y como mi propia amiga se denominó la pasada mañana, un conejo de la suerte.

Por Cristo Rodríguez

Mi amiga tiene, lo que vulgarmente se llamaría en España, un conejo entre las piernas. Un conejo, que cuando la chica es un poco mariliendres, es como el de Alicia en el país de las maravillas, un ser que es perseguido por maricas de todos los continentes porque saben que detrás de él o a través de él, en el mejor de los casos, se esconde la posibilidad de ligar con el amigo homosexual de dicha mariliendres. Pues bien, en esas estábamos la pasada noche, yo, tras mucho insistir, convencí a mi amiga para que me acompañase al nuevo local gay de moda de la noche Osleña, no es una gran cosa, pero que más se le puede pedir a esta ciudad.

Allí, la primera en ligar fue ella (¡como no!) que últimamente está que lo arrasa. Una linda chica se acercó a nosotros e intentó bailar conmigo, ¡conmigo!, yo que pensaba que la chica era una palurda que no se enteraba de que yo era un gay en un bar gay que no estaría interesado en ella le dije a mi amiga que era mejor huir de dicha pesada y bailar en otra parte.

Así que nos fuimos a unos pocos metros, al poco rato se le acercó un chico a mi amiga, un chico que yo conocía, y del cual gusto, de Gaysir (la pagina de contactos del país helado) y yo no cavia en mi de gozo pensando que el chico le hablaba de mi, cuando de repente llega la chica-palurda-a-la-que-yo-le-gustaba a la que resultaba que no era yo quien le gustaba sino mi amiga. ¡Mi gozo en un pozo! Mi amiga se disculpo de buenas maneras y le explico al chico que ella estaba allí acompañándome a mi y que no le gustaban las mujeres. El susodicho se presentó me habló un poco en su español aprendido en 6 meses (¡¡¡!!!) y yo que ya comenzaba a saborear las mieles de la victoria me quedé allí de pie y solo, en la soledad que uno se queda cuando lo dejan plantado, cuando el chico me dijo que volvía con sus amigos zanjando la conversación y cerrándola para siempre.

Me refugié en la danza con mi amiga hasta que divisé al hombre de mis sueños. Rubio, ojos azules, pelo largo enmarañado, brazo tatuado, guapo hasta decir basta y con un grupo de amigos de lo peor que uno se pueda encontrar en Oslo. Allí estaba mi Adonis esperando a que el destino nos juntase. Nuestras miradas se cruzaron y yo se lo dije a mi amiga, ella me empujaba hacia él y yo me resistía. Así estuvimos un rato el me mira yo lo miro y ninguna hacía nada hasta que mi amiga se ofreció a hacer de Celestina. La idea, que en un principio me pareció genial, comenzó en breve a parecerme absurda, así que, cuando ella iba de camino a decirle algo al chico, la paré y me lancé yo hacia él. Un Hola entrecortado y nervioso salió de mis labios. De esta forma comenzó todo, él estaba más que borracho, aun así no quería yo soltar a mi presa una vez que la había encontrado. El me preguntó con quién estaba y yo la señalé a ella, desde ese momento se hizo su mejor amigo. Hablaron en general de los temas de los que yo debería haber hablado con él, pero de una forma u otra fue ella quién nos unió hasta que él me preguntó si me apetecería irme de allí. ¿Por qué no? – dije yo. Lo siguiente un adió amiga y camino de su casa nos plantamos.

Allí me presentó a su perro y pasó, lo que en términos nocturnos, debía de pasar. Al terminar una ducha, un vaso con una pastilla de vitamina C y ¿tienes Facebook? ¡Sí claro! Tras esto un “lo siento, pero tengo que dormir solo hoy”. Ok, esta bien, lo entiendo (¡es la segunda vez en esta semana que me lo dicen no te preocupes!). Unos besos de despedida en la puerta y un Ha det godt.

A la mañana siguiente me desperté con un “me gusta” en una de mis fotos. Aún no había validado la solicitud de amistad, que yo mismo me había hecho desde su teléfono la noche anterior (con su consentimiento, he de decir), la cual tenía pensado no aceptar, pero ya que él había dado el paso de ver y poner algo en una de mis fotos, decidí cambiar de idea y decir Sí, quiero ser su amigo. Mi sorpresa llegó al ver que él Adonis que había conocido, era un ser amarrado por el yugo del compromiso. Le escribí a mi Conejo de la suerte para decírselo y me contesto que igual era una broma de esas que alguna gente pone en su Facebook. Acto seguido me puse a mirar todas su fotos. ¡¿Broma!? Que coño broma, no era una broma. El tipo tenía novio, más feo que yo, pero novio al fin y al cabo, y tenía pensado casarse con él. ¡Oh no! Esto si que era mi gozo en un pozo. ¡Por segunda vez en la misma semana!

A medida que el día ha ido pasando. El chico me ha escrito en Facebook, para decirme varias cosas, al principio sólo saludad y tal y después pedirme que no dijera nada de lo que paso (lo cual no estoy haciendo… jajajaja), tras esto me ha comentado que ha hablado con su novio de hacer un trío y que si me apetecía ser el tercero en discordia. Yo me he negado con un vago “lo pensaré, pero no me gustan los tríos con parejas, ni acostarme con gente con novio, gracias.” Así abierto, por si me lo pienso mejor no tener que arrepentirme de mis palabras.

En fin, no puedo decir que no, las cosas mejoran con un Conejo de la suerte. Al menos se movieron. Pero al igual que “la magia viene con un precio”, según dicen en la serie One upon a time, parece ser que la suerte también llega, sí, pero nunca sola, siempre viene con sorpresa…

¡Ya basta!


¿Cuantas veces te puede decepcionar una persona? La respuesta es fácil. Tantas como la dejes.

Por Cristo Rodríguez

En la pasada semana santa conocí a un chico muy guapo y que parecía simpático. Desde el primer momento yo me desmarqué y me tomé la quedada como un futuro amigo, así que decidí que tuviéramos nuestro primer encuentro en un bar gay para tomar un café diciéndole que así “podríamos mirar a los hombres guapos”. Cuando llegó me di cuenta de que aquello podría haber sido un error, porque ese chico con el que yo estaba quedando era, de forma inusual, mucho más guapo que las fotos que mostraba en Internet. Tuvimos una tarde agradable hablando de diversos temas, uniendo uno con otro sin ningún incomodo silencio de por medio, nos despedimos y cada uno se fue a su casa. Yo pensando que el chico era supermono y no me importaría conocerlo más, pero con la premisa de que mejor ser amigos porque el no querría nada más. Al poco tiempo recibí un mensaje suyo que le había gustado conocerme y ese tipo de cosas que uno interpreta como señales de que le gustas a la persona que te las manda.

Así estuvimos quedando casi todos los días de semana santa. Y, puesto que él había comenzado, yo seguí escribiéndole mensajes como “que guapo eres”, “me gustas”, que sonrisa tan bonita… Un montón de piropos que intentaba incluir en mis mensajes que podían sonar como gracietas pero que eran bien ciertos. El no me daba mucho pie (y mucho menos sexo) y al poco tiempo me dijo porque. Al parecer tenía novio y ese era el motivo por el cual no había pasado nada, pero quería pedirme perdón por no decirlo antes y decirme que lo acababa de dejar. ¡Zas!, primera ostia. Yo lo entendí, a medias, pero qué más podía a hacer.

Por motivos de trabajo me fui de Oslo una semana durante la cual nos seguimos mandando mensajes y quedamos en que a mi vuelta quedaríamos para dormir juntos. El día que volví se disculpó con un “lo siento tengo mucho trabajo esta semana y estoy muy cansado”, con lo que me tocó dormir solo. De nuevo ¡zas!

A pesar de eso seguimos quedando y yo, debido a que no entendía nada y la situación me estaba empezando a hacer sentir mal conmigo mismo, tiré la toalla y me di por enterado que sólo seríamos amigos y nada más. Un día pasó por mi casa para cenar después de haber tomado un café juntos y al marcharse cogí mi toalla de nuevo y lo bese, a lo cual respondió. Nos metimos en mi cuarto y nos estuvimos besando durante un par de horas como colegiales. “No me apetece hacer nada ahora… Es que… me he masturbado en mi casa dos veces esta mañana…” ¿? Esto, la verdad, no sabía como interpretarlo. Me lo tomé bien, porque al estar tan feliz porque por fin nos habíamos besado, mi cabeza no dio para mucho más. Bueno sí, comenzó a volar pensando en lo mono que era y lo que me gustaría estar con él y que si él no quería haber tenido sexo era porque quería algo más…

Tras esto quedamos una noche para cenar en la que ¡por fin…! Sí, tras cenar juntos le dije que se viniera a casa y me contestón con un “¿crees tu que debería?” que me cabreo en su momento y que ahora entiendo un poco mejor. ¡Sí, claro! Una respuesta que lo debió convencer porque esa noche no sólo se vino a mi casa sino que tuvimos un sexo estupendo. Por la mañana se fue a su casa y yo con los amigos de una amiga ha pasear por el bosque con el trato de vernos por la tarde. Cuando volví del paseo le mandé un mensaje al que me contesto después de una hora en el que me decía que estaba liado y que no podía quedar por el momento, que ya me avisaría si eso… ¡Zas! Ya me parecía no tener cara para tanta ostia, pero de alguna manera lo comprendí otra vez, creyéndome la idea de que realmente era que tenía cosas que hacer y no es que no quisiera verme.

Después de algunos días quedamos para cenar juntos y me invitó, finalmente, a pasar por su casa para cenar algo. La llegada fue extraña porque ninguno de los dos sabia como reaccionar  ante el otro, si nos debíamos besar o qué. Antes de la cena se acerco a mi en la cocina y me empezó a besar. Cenamos, nos tumbamos en le sofá y allí seguimos besándonos y la cosa subió de nivel mientras la perra de su compañera de piso, el animal no es que yo diga que su compañera de piso, la cual no conozco, sea una perra, nos miraba. Cuando mi pene salió de mi pantalón le dije que casi era mejor que nos fuésemos a la habitación. Cuando nos desnudamos el me comentó que tenía que ducharse porque no se sentía limpio que mejor ducharnos y luego seguir. Así que allí nos vimos debajo del chorro caliente llenando de vaho los cristales de la mampara. Al terminar, nos secamos y me fui al cuarto a tumbarme un poco en la cama pensando que el haría lo mismo y que nos daríamos unos pocos de arrumacos. Nada más lejos de la realidad, cuando el entró en la habitación se comenzó a vestir y me dijo que tenía que sacar a la perra “¿habías pensado dormir aquí? Lo siento, es que el otro día que nos acostamos no dormí nada y mañana madrugo para el trabajo”. Casi tartamudeando dije “ah, no pasa nada, yo tengo que preparar la mochila en casa para el trabajo también…” ¡ZAS! En mayúsculas.

Sacamos a la perra y me llevó por el camino más cercano hasta el bus, uno diferente al que yo había tomado para llegar a su casa y se despidió de mi de una forma fría y rara.  Cada uno cogió su camino y yo, que tenía planeado preguntarle qué era lo que nosotros estábamos teniendo, me fui por el mío sin preguntar nada. Al poco de caminar paré en seco, pensé, me di media vuelta, corrí un poco hasta casi alcanzarlo y sin llegar del todo a él aún le espeté “¿Y nosotros que somos…?”, “no se yo no tengo nada en mente, ni nada planeado… ¿Tú qué quieres?...”, “No se… Tu me gustas pero… (pedazo de subnormal dos no tienen una relación si uno no quiere así que para qué coño me preguntas que es lo que yo quiero… ¡¿Es qué no te ha quedado claro con que venga corriendo hacía a ti después de habernos despedido?!) …igual podemos seguir quedando y nos podemos seguir conociendo a ver que pasa”, “ok, me parece bien”, “ok, adiós entonces…” Me di la vuelta y fui recogiendo los pedazos de mi corazón que habían saltado por el parque hasta llegar a la parada del autobús. Ese Zas fue duro, pero bueno aún quedaba una pequeña esperanza y siempre podríamos ser solo amigos, lo cual era el plan principal.

A los dos días era su cumpleaños y yo, con mi santa inocencia, le envié un mensaje felicitándolo al cual contestó con un “gracias”. A las horas le escribí otro preguntándole que si tendría alguna fiesta por la noche con sus amigos y demás, para unirme evidentemente pero con la idea de un amigo más, y quizá de algo más, pero muy remota.  Ha pasado casi una semana y no he recibido respuesta. Ha pasado una semana y no he recibido ni un mensaje en absoluto. Ha pasado una semana y lo único que he tenido ha sido un “like” en Facebook a uno de mis repost reivindicativos. Ha pasado una semana y no solo el amante, ni el chico, el follamaigo, sino ni siquiera el “amigo” han dado señales de vida. ¡Zas!

Este último Zas es, sin duda, el que más me ha dolido, porque me ha mostrado que el chico en cuestión, que parecía tener dos dedos de frente y sincero, no era más que uno más que quiere tener sexo y nada más, lo cual no esta mal cuando uno es sincero, pero no está nada bien cuando uno lo reviste de la posibilidad de algo más. Igual tampoco toda la culpa es suya, yo también tengo parte en este poner la otra mejilla, al fin y al cabo, uno no puede pegar si el otro no se deja…

miércoles, 3 de abril de 2013

La agenda oculta

A veces nos preguntamos porqué la gente actúa de la forma en que lo hace, porqué tienen los cambios de actitud que tienen o porqué no concuerdan sus palabras con sus actos o viceversa. Pues bien, todo es debido a la agenda oculta, aquella información que no conocemos pero es fundamentalmente esencial para entender cómo actúan.



Por Cristo Rodríguez



Durante las últimos meses he estado quedando con un chico, no sólo con él pero es de él del que voy a hablar ahora, así que dejémoslo así. Para aquellos que están alrededor mío el susodicho tiene el seudónimo de mi “no novio”, normalmente, y como ya he contada anteriormente, como estoy saliendo con varios hombres/chicos a la vez me resulta más fácil ponerles un seudónimo que recordar como se llama cada uno de ellos. Pues bien mi “no novio” y yo quedábamos mucho al principio; ir al cine, comer juntos, ir al gimnasio, salir a tomar algo… lo típico de las parejas que comienzan a salir. El apelativo de “no novio” se lo gana una noche que, tras tres citas y una noche de copas, le dije que me apetecía estar a solas con él, en su casa o en la mía, lo mismo me daba, pero a solas. Él me contestó que no, que era tímido y que no quería… Después de muchas citas más, y de que yo dudase de mi en muchas ocasiones, me acabó diciendo que el problema real era que tenía una infección en la zona genital y que no podía tener sexo por un tiempo. ¡Ahí estaba! ¡La agenda oculta!... Cuando por fin se curó tuvimos sexo y no fue el mejor sexo de mi vida, mejor dicho fue de lo peorcito que he tenido en los últimos tiempos, así que un día quedé con él y le dije que mejor no vernos más, que éramos incompatibles y que la cosa no daba más. Yo también utilice la agenda oculta pero con buenas intenciones.



A rey muerto rey puesto, así que en las últimas semanas a parte de los usuales pululantes que están normalmente alrededor, un chico a ocupado el papel protagonista por encima de todo el resto del reparto. El chico guapo, de más o menos mi edad, con un buen trabajo y, muy importante por si algún día se lo tengo que presentar a mis padres, habla castellano.  Pues bien, antes de la primera quedada quedé claro que la cosa iba sólo de ser amigos con un mensaje que decía “mejor quedamos en un bar marica para poder ver hombres guapos”, todo porque las fotos de su perfil no me convencían mucho (¿agenda secreta?¡¿YO?!), tras verlo en persona me encantó, pero finalmente fue él el que esa misma noche un rato después de despedirnos me mandó un mensaje que decía “me has caído muy bien”. Pues bien,  el #no-me-des-pies-a-mi-que-me-cojo-la-mano de mi mismo salió y, desde entonces, he intentado conquistarlos de diversas formas, sobre todo con mensajes de texto, para ver si, por lo menos, podemos acabar en la cama. Cada vez que quedábamos volvía a casa con la idea de que la cosa era de ser amigos y nada más, pero cada vez que perdía toda esperanza él me mandaba un mensaje que daba nuevo aire a mi pequeña flamita hasta convertirla en llama que me daba la fuerza suficiente para seguir insistiendo con mensajitos para ver si me lo llevaba al huerto. Por fin ayer, tras una cena con otra amiga y él, nos mensajeamos y parecía que hoy era el día. La cita fue marcada sobre las 20 ó las 21 de la noche, con tan mala suerte que a las 18:56 me envía un mensaje y me dice que lo siente que “me siente nervioso, y no se porque, pero mejor nos encontramos cuando regresas” (pues me voy de viaje a Canarias). Tras unos cuantos mensajes de mi parte ¡Pum! ¡¿A que no sabéis qué?! ¿No lo adivináis? ¡Claro! ¡La agenda oculta! Resulta que mi querido nuevo-lo-que-sea, tenía un novio en Chile que a dejado HOY, con lo cual me dice que no queda conmigo porque necesita tiempo para pensar y arreglar “todas las cosas que tengo en mi mente”.



Con este también, durante un tiempo (no mucho porque uno, dentro de lo que cabe, tiene un ego que no le cabe dentro del cuerpo), he dudado de mi mismo de mi atractivo, de si soy interesante o no y mil cosas más…



En fin, ahí está la agenda oculta, que lo mismo tiene detrás una infección genital, que un novio en otro país a cientos de miles de kilómetros, que más diversas cosas raras que se nos puedan pasar por la cabeza y que mejor me callo para que no me tachen de fantasioso. Sobre todo, y como ya he aprendido de mi búsqueda laboral en los últimos tiempo, no importan los motivos, cuando para alguien no eres la elección principal nunca es por ti, si no por ellos, porque buscan otra cosa, porque tiene una agenda oculta, por mil razones diferentes o por todas ellas juntas. No dudes de ti mismo (es fácil de decir, ya lo se) pues ahí fuera hay alguien que te está esperando y que te hará, aunque sólo sea por un corto periodo de tiempo, el ser más importante y bello  en todo el planeta.



Buenas noches. La próxima vez os escribo disfrutando del sol de Canarias.

¿Inseguro es más seguro?

¿Es la inseguridad un ingrediente básico en una relación? ¿Necesitamos estar inseguros de nuestra pareja para poder seguir amándola?


Por Cristo Rodriguez


Anoche echaron por la tele "Date night" una película en la que una pareja que llevan muchos años casados tiene una cita una vez por semana cada viernes, un día van a NY y allí se arma el lio con tiros, escándalos sexuales, polícias que trabajan con los malos, etc. Todo muy Hollywood. Lo rescatable de la película, al menos para este blog, es como ellos se dan cuenta de lo que se aman y cuanto quieren seguir juntos ahí, en una situación extrema. En la misma película una pareja se rompe porque solo son "buenos compañeros de piso".


A su vez y en otra película tan distinta como la versión de Disney de Mulan, el emperador dice en un momento "las flores que han florecido bajo la adversidad son las más bellas de todos" (en su versión española), una linda metáfora que nos habla de como las dificultades hacen que el amor florezca más bello, fuerte y hermoso.


También ayer me vi el penúltimo episodio de "the walking dead" en él el chinito le pedía a su novia que se casase con él. Ellos no tienen muy claro si vivirán un episodio más o no, pero el amor es más fuerte cuando se esta al borde de la muerte. Eso es lo que pretenden transmitir con dicha esa escena.


Estos son ejemplos cinematográficos, pero en la vida real hay algunos estudios psicológicos que vienen a corroborar estas teorías muy oportunamente utilizadas por la industria audiovisual para despertar dentro de nosotros sentimientos que contribuyen a que la película/serie nos guste y nos quedemos con ganas de más. Esos estudios hablan del amor en periodos de guerra por ejemplo y cuan duraderos y profundos son.


A su vez, y muy bien utilizado por el novel de literatura Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera nos acerca la relación de una pareja que, separadas por las circunstancias, se reencuentran el su ultima etapa de la vida para revivir el amor que en su tiempo le impidieron las convenciones sociales.


Y con todos estos ejemplos llegamos de nuevo a mi pregunta. ¿Necesitamos sentirnos inseguros de nuestra relación para poder seguir en ella y mantener la llama viva? En mi anterior relación fue algo que marco, él necesitaba esa inseguridad, quizá porque todo lo demás en su vida estaba asegurado. Nuevos chicos, que he ido conociendo desde entonces, me han gustado bastante en el momento del cortejo pero cuando han comenzado a interesarse por mi, he perdido todo el interés, o al menos la mayor parte, por ellos. ¿Nos dice esto algo o es que tan solo no eran lo que yo buscaba?

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