lunes, 13 de mayo de 2013

¡Ya basta!


¿Cuantas veces te puede decepcionar una persona? La respuesta es fácil. Tantas como la dejes.

Por Cristo Rodríguez

En la pasada semana santa conocí a un chico muy guapo y que parecía simpático. Desde el primer momento yo me desmarqué y me tomé la quedada como un futuro amigo, así que decidí que tuviéramos nuestro primer encuentro en un bar gay para tomar un café diciéndole que así “podríamos mirar a los hombres guapos”. Cuando llegó me di cuenta de que aquello podría haber sido un error, porque ese chico con el que yo estaba quedando era, de forma inusual, mucho más guapo que las fotos que mostraba en Internet. Tuvimos una tarde agradable hablando de diversos temas, uniendo uno con otro sin ningún incomodo silencio de por medio, nos despedimos y cada uno se fue a su casa. Yo pensando que el chico era supermono y no me importaría conocerlo más, pero con la premisa de que mejor ser amigos porque el no querría nada más. Al poco tiempo recibí un mensaje suyo que le había gustado conocerme y ese tipo de cosas que uno interpreta como señales de que le gustas a la persona que te las manda.

Así estuvimos quedando casi todos los días de semana santa. Y, puesto que él había comenzado, yo seguí escribiéndole mensajes como “que guapo eres”, “me gustas”, que sonrisa tan bonita… Un montón de piropos que intentaba incluir en mis mensajes que podían sonar como gracietas pero que eran bien ciertos. El no me daba mucho pie (y mucho menos sexo) y al poco tiempo me dijo porque. Al parecer tenía novio y ese era el motivo por el cual no había pasado nada, pero quería pedirme perdón por no decirlo antes y decirme que lo acababa de dejar. ¡Zas!, primera ostia. Yo lo entendí, a medias, pero qué más podía a hacer.

Por motivos de trabajo me fui de Oslo una semana durante la cual nos seguimos mandando mensajes y quedamos en que a mi vuelta quedaríamos para dormir juntos. El día que volví se disculpó con un “lo siento tengo mucho trabajo esta semana y estoy muy cansado”, con lo que me tocó dormir solo. De nuevo ¡zas!

A pesar de eso seguimos quedando y yo, debido a que no entendía nada y la situación me estaba empezando a hacer sentir mal conmigo mismo, tiré la toalla y me di por enterado que sólo seríamos amigos y nada más. Un día pasó por mi casa para cenar después de haber tomado un café juntos y al marcharse cogí mi toalla de nuevo y lo bese, a lo cual respondió. Nos metimos en mi cuarto y nos estuvimos besando durante un par de horas como colegiales. “No me apetece hacer nada ahora… Es que… me he masturbado en mi casa dos veces esta mañana…” ¿? Esto, la verdad, no sabía como interpretarlo. Me lo tomé bien, porque al estar tan feliz porque por fin nos habíamos besado, mi cabeza no dio para mucho más. Bueno sí, comenzó a volar pensando en lo mono que era y lo que me gustaría estar con él y que si él no quería haber tenido sexo era porque quería algo más…

Tras esto quedamos una noche para cenar en la que ¡por fin…! Sí, tras cenar juntos le dije que se viniera a casa y me contestón con un “¿crees tu que debería?” que me cabreo en su momento y que ahora entiendo un poco mejor. ¡Sí, claro! Una respuesta que lo debió convencer porque esa noche no sólo se vino a mi casa sino que tuvimos un sexo estupendo. Por la mañana se fue a su casa y yo con los amigos de una amiga ha pasear por el bosque con el trato de vernos por la tarde. Cuando volví del paseo le mandé un mensaje al que me contesto después de una hora en el que me decía que estaba liado y que no podía quedar por el momento, que ya me avisaría si eso… ¡Zas! Ya me parecía no tener cara para tanta ostia, pero de alguna manera lo comprendí otra vez, creyéndome la idea de que realmente era que tenía cosas que hacer y no es que no quisiera verme.

Después de algunos días quedamos para cenar juntos y me invitó, finalmente, a pasar por su casa para cenar algo. La llegada fue extraña porque ninguno de los dos sabia como reaccionar  ante el otro, si nos debíamos besar o qué. Antes de la cena se acerco a mi en la cocina y me empezó a besar. Cenamos, nos tumbamos en le sofá y allí seguimos besándonos y la cosa subió de nivel mientras la perra de su compañera de piso, el animal no es que yo diga que su compañera de piso, la cual no conozco, sea una perra, nos miraba. Cuando mi pene salió de mi pantalón le dije que casi era mejor que nos fuésemos a la habitación. Cuando nos desnudamos el me comentó que tenía que ducharse porque no se sentía limpio que mejor ducharnos y luego seguir. Así que allí nos vimos debajo del chorro caliente llenando de vaho los cristales de la mampara. Al terminar, nos secamos y me fui al cuarto a tumbarme un poco en la cama pensando que el haría lo mismo y que nos daríamos unos pocos de arrumacos. Nada más lejos de la realidad, cuando el entró en la habitación se comenzó a vestir y me dijo que tenía que sacar a la perra “¿habías pensado dormir aquí? Lo siento, es que el otro día que nos acostamos no dormí nada y mañana madrugo para el trabajo”. Casi tartamudeando dije “ah, no pasa nada, yo tengo que preparar la mochila en casa para el trabajo también…” ¡ZAS! En mayúsculas.

Sacamos a la perra y me llevó por el camino más cercano hasta el bus, uno diferente al que yo había tomado para llegar a su casa y se despidió de mi de una forma fría y rara.  Cada uno cogió su camino y yo, que tenía planeado preguntarle qué era lo que nosotros estábamos teniendo, me fui por el mío sin preguntar nada. Al poco de caminar paré en seco, pensé, me di media vuelta, corrí un poco hasta casi alcanzarlo y sin llegar del todo a él aún le espeté “¿Y nosotros que somos…?”, “no se yo no tengo nada en mente, ni nada planeado… ¿Tú qué quieres?...”, “No se… Tu me gustas pero… (pedazo de subnormal dos no tienen una relación si uno no quiere así que para qué coño me preguntas que es lo que yo quiero… ¡¿Es qué no te ha quedado claro con que venga corriendo hacía a ti después de habernos despedido?!) …igual podemos seguir quedando y nos podemos seguir conociendo a ver que pasa”, “ok, me parece bien”, “ok, adiós entonces…” Me di la vuelta y fui recogiendo los pedazos de mi corazón que habían saltado por el parque hasta llegar a la parada del autobús. Ese Zas fue duro, pero bueno aún quedaba una pequeña esperanza y siempre podríamos ser solo amigos, lo cual era el plan principal.

A los dos días era su cumpleaños y yo, con mi santa inocencia, le envié un mensaje felicitándolo al cual contestó con un “gracias”. A las horas le escribí otro preguntándole que si tendría alguna fiesta por la noche con sus amigos y demás, para unirme evidentemente pero con la idea de un amigo más, y quizá de algo más, pero muy remota.  Ha pasado casi una semana y no he recibido respuesta. Ha pasado una semana y no he recibido ni un mensaje en absoluto. Ha pasado una semana y lo único que he tenido ha sido un “like” en Facebook a uno de mis repost reivindicativos. Ha pasado una semana y no solo el amante, ni el chico, el follamaigo, sino ni siquiera el “amigo” han dado señales de vida. ¡Zas!

Este último Zas es, sin duda, el que más me ha dolido, porque me ha mostrado que el chico en cuestión, que parecía tener dos dedos de frente y sincero, no era más que uno más que quiere tener sexo y nada más, lo cual no esta mal cuando uno es sincero, pero no está nada bien cuando uno lo reviste de la posibilidad de algo más. Igual tampoco toda la culpa es suya, yo también tengo parte en este poner la otra mejilla, al fin y al cabo, uno no puede pegar si el otro no se deja…

miércoles, 3 de abril de 2013

La agenda oculta

A veces nos preguntamos porqué la gente actúa de la forma en que lo hace, porqué tienen los cambios de actitud que tienen o porqué no concuerdan sus palabras con sus actos o viceversa. Pues bien, todo es debido a la agenda oculta, aquella información que no conocemos pero es fundamentalmente esencial para entender cómo actúan.



Por Cristo Rodríguez



Durante las últimos meses he estado quedando con un chico, no sólo con él pero es de él del que voy a hablar ahora, así que dejémoslo así. Para aquellos que están alrededor mío el susodicho tiene el seudónimo de mi “no novio”, normalmente, y como ya he contada anteriormente, como estoy saliendo con varios hombres/chicos a la vez me resulta más fácil ponerles un seudónimo que recordar como se llama cada uno de ellos. Pues bien mi “no novio” y yo quedábamos mucho al principio; ir al cine, comer juntos, ir al gimnasio, salir a tomar algo… lo típico de las parejas que comienzan a salir. El apelativo de “no novio” se lo gana una noche que, tras tres citas y una noche de copas, le dije que me apetecía estar a solas con él, en su casa o en la mía, lo mismo me daba, pero a solas. Él me contestó que no, que era tímido y que no quería… Después de muchas citas más, y de que yo dudase de mi en muchas ocasiones, me acabó diciendo que el problema real era que tenía una infección en la zona genital y que no podía tener sexo por un tiempo. ¡Ahí estaba! ¡La agenda oculta!... Cuando por fin se curó tuvimos sexo y no fue el mejor sexo de mi vida, mejor dicho fue de lo peorcito que he tenido en los últimos tiempos, así que un día quedé con él y le dije que mejor no vernos más, que éramos incompatibles y que la cosa no daba más. Yo también utilice la agenda oculta pero con buenas intenciones.



A rey muerto rey puesto, así que en las últimas semanas a parte de los usuales pululantes que están normalmente alrededor, un chico a ocupado el papel protagonista por encima de todo el resto del reparto. El chico guapo, de más o menos mi edad, con un buen trabajo y, muy importante por si algún día se lo tengo que presentar a mis padres, habla castellano.  Pues bien, antes de la primera quedada quedé claro que la cosa iba sólo de ser amigos con un mensaje que decía “mejor quedamos en un bar marica para poder ver hombres guapos”, todo porque las fotos de su perfil no me convencían mucho (¿agenda secreta?¡¿YO?!), tras verlo en persona me encantó, pero finalmente fue él el que esa misma noche un rato después de despedirnos me mandó un mensaje que decía “me has caído muy bien”. Pues bien,  el #no-me-des-pies-a-mi-que-me-cojo-la-mano de mi mismo salió y, desde entonces, he intentado conquistarlos de diversas formas, sobre todo con mensajes de texto, para ver si, por lo menos, podemos acabar en la cama. Cada vez que quedábamos volvía a casa con la idea de que la cosa era de ser amigos y nada más, pero cada vez que perdía toda esperanza él me mandaba un mensaje que daba nuevo aire a mi pequeña flamita hasta convertirla en llama que me daba la fuerza suficiente para seguir insistiendo con mensajitos para ver si me lo llevaba al huerto. Por fin ayer, tras una cena con otra amiga y él, nos mensajeamos y parecía que hoy era el día. La cita fue marcada sobre las 20 ó las 21 de la noche, con tan mala suerte que a las 18:56 me envía un mensaje y me dice que lo siente que “me siente nervioso, y no se porque, pero mejor nos encontramos cuando regresas” (pues me voy de viaje a Canarias). Tras unos cuantos mensajes de mi parte ¡Pum! ¡¿A que no sabéis qué?! ¿No lo adivináis? ¡Claro! ¡La agenda oculta! Resulta que mi querido nuevo-lo-que-sea, tenía un novio en Chile que a dejado HOY, con lo cual me dice que no queda conmigo porque necesita tiempo para pensar y arreglar “todas las cosas que tengo en mi mente”.



Con este también, durante un tiempo (no mucho porque uno, dentro de lo que cabe, tiene un ego que no le cabe dentro del cuerpo), he dudado de mi mismo de mi atractivo, de si soy interesante o no y mil cosas más…



En fin, ahí está la agenda oculta, que lo mismo tiene detrás una infección genital, que un novio en otro país a cientos de miles de kilómetros, que más diversas cosas raras que se nos puedan pasar por la cabeza y que mejor me callo para que no me tachen de fantasioso. Sobre todo, y como ya he aprendido de mi búsqueda laboral en los últimos tiempo, no importan los motivos, cuando para alguien no eres la elección principal nunca es por ti, si no por ellos, porque buscan otra cosa, porque tiene una agenda oculta, por mil razones diferentes o por todas ellas juntas. No dudes de ti mismo (es fácil de decir, ya lo se) pues ahí fuera hay alguien que te está esperando y que te hará, aunque sólo sea por un corto periodo de tiempo, el ser más importante y bello  en todo el planeta.



Buenas noches. La próxima vez os escribo disfrutando del sol de Canarias.

¿Inseguro es más seguro?

¿Es la inseguridad un ingrediente básico en una relación? ¿Necesitamos estar inseguros de nuestra pareja para poder seguir amándola?


Por Cristo Rodriguez


Anoche echaron por la tele "Date night" una película en la que una pareja que llevan muchos años casados tiene una cita una vez por semana cada viernes, un día van a NY y allí se arma el lio con tiros, escándalos sexuales, polícias que trabajan con los malos, etc. Todo muy Hollywood. Lo rescatable de la película, al menos para este blog, es como ellos se dan cuenta de lo que se aman y cuanto quieren seguir juntos ahí, en una situación extrema. En la misma película una pareja se rompe porque solo son "buenos compañeros de piso".


A su vez y en otra película tan distinta como la versión de Disney de Mulan, el emperador dice en un momento "las flores que han florecido bajo la adversidad son las más bellas de todos" (en su versión española), una linda metáfora que nos habla de como las dificultades hacen que el amor florezca más bello, fuerte y hermoso.


También ayer me vi el penúltimo episodio de "the walking dead" en él el chinito le pedía a su novia que se casase con él. Ellos no tienen muy claro si vivirán un episodio más o no, pero el amor es más fuerte cuando se esta al borde de la muerte. Eso es lo que pretenden transmitir con dicha esa escena.


Estos son ejemplos cinematográficos, pero en la vida real hay algunos estudios psicológicos que vienen a corroborar estas teorías muy oportunamente utilizadas por la industria audiovisual para despertar dentro de nosotros sentimientos que contribuyen a que la película/serie nos guste y nos quedemos con ganas de más. Esos estudios hablan del amor en periodos de guerra por ejemplo y cuan duraderos y profundos son.


A su vez, y muy bien utilizado por el novel de literatura Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera nos acerca la relación de una pareja que, separadas por las circunstancias, se reencuentran el su ultima etapa de la vida para revivir el amor que en su tiempo le impidieron las convenciones sociales.


Y con todos estos ejemplos llegamos de nuevo a mi pregunta. ¿Necesitamos sentirnos inseguros de nuestra relación para poder seguir en ella y mantener la llama viva? En mi anterior relación fue algo que marco, él necesitaba esa inseguridad, quizá porque todo lo demás en su vida estaba asegurado. Nuevos chicos, que he ido conociendo desde entonces, me han gustado bastante en el momento del cortejo pero cuando han comenzado a interesarse por mi, he perdido todo el interés, o al menos la mayor parte, por ellos. ¿Nos dice esto algo o es que tan solo no eran lo que yo buscaba?

sábado, 9 de marzo de 2013

El noviofan


Hay gente que más que un novio o novia quiere un fan. Esa clase de personas que necesitan el alago constante, si bien no con palabras, por lo menos con hechos.

Por Cristo Rodriguez

En las ultimas semanas, observando la relación de unos conocidos, me he dado cuenta de porque mi anterior relación naufrago en el pantano del llanto y el olvido eterno. El era uno de esos que necesitan tener a su lado a alguien que lo admire. Y yo no soy de esos, no soy yo muy fan, nunca lo he sido, no soy de admirar, no lo necesito. Por supuesto me gustan cantantes, actores y tal, pero nunca he podido ser lo que se dice fan. Reconozco que si ciertas personas estuvieran a mi lado no sabría como actuar, pero eso no se debe a un sentimiento de fanatismo si no a un déficit en cuanto a mis habilidades sociales. Al igual que no se actuar delante de los hombres que me gustan y no se debe a que sienta admiración por ellos, lo que siento, más bien, son las hormonas revolucionándose por dentro y un deseo sexual que me impide actuar de forma natural.

Pues bien, en dicha observación puramente educativa de la pareja en cuestión, me he dado cuenta de que hay gente así, más de los que yo creía. Ellos se sienten admirados cuando su pareja comienza a escuchar música que a ellos les gusta, empiezan a realizar actividades que ellos realizan, leen libros recomendados por ellos y modifican, poco a poco, sus opiniones y creencias para ir amoldándose a las de la pareja que admiran hasta llegar a ser un clon de su propia pareja, sin personalidad, opinión propia o respeto por si mismos que, por el echo de ser sólo una copia, quedan relegados a la invisibilidad pública.

Yo, por el contrario, soy una persona dura con creencias y formas de hacer las cosas bastante estáticas. Para cambiar de idea, de verdad, no solo de boquilla por aquello del que me dejen tranquilo, necesito argumentos de peso constatados, si puede ser, por estudios realizados por personal cualificado. Esto hace que para mi no sea viable el tener una relación con un fan demandante.  

El tiempo pone las cosas en su lugar, como bien decían nuestros ancestros, sin ir más lejos mi abuela, que es el ancestro vivo más cercano que tengo. El mismo tiempo, y las experiencias de la vida, nos enseñan, si queremos aprender, y nos dan las respuestas a todas esas cosas que nos van sucediendo en el camino. Con ello tenemos dos opciones aprender o caer en la misma piedra, ambas son correctas y ambas son posibles. La vida esta para vivirla ¿no? ¿Pues porque no caer en los mismos errores entonces? Como he dicho yo no soy fan, pero igual me gusta la piedra… ;)

El palomo del amor


Esta mañana he visto a un palomo intentando "cortejar" a una linda palomita y no he podido dejar de darme cuenta de las similitudes que el cortejo animal tienen con el humanos.

Por Cristo rodríguez

A pesar de que el ser humano se cree una raza muy superior al resto de los animales, en muchas cosas, pero mucho mas en el cortejo, se parece a las especias menos evolucionadas de nuestra fauna mundial.

Que hace un palomo:

1.  Se acerca a la palomita, que esta con su grupo de amigas, y hace como que come mientras se deja ver.

2.  Como la palomita pasa de el, él se engalana. Levanta la cabeza, saca pecho y, ha cierta distancia eso sí, hace unos ruiditos de macho fuerte y grandón.


3.  Como estas tácticas no dan resultado, se acerca todo lo que puede a la palomita hasta rozarla con sus plumas para ver si eso da funciona.

Y como los humanos sabemos que nada de eso dará resultado hasta que la palomita este preparada lo miramos con cierta simpatía y pena mientras que él continua ciegamente hasta finalmente conseguir a la palomita en unas cuantas semanas más.

Lo que hacen los humanos:

1.  Repiten casi de forma fiel los pasos 1, 2 y 3.

2.  Hay que reconocerlo, algunos palomos no llegan ni siquiera al paso 2, se dan por vencidos antes de tiempo y no prueban ni a acercarse a a la palomita que les gusta.


Cuando esto no da resultado tienen varias opciones:

1.  Dejan a la “palomita” guapa y se van con una de las amigas que parece estar mas dispuesta a aparearse. Esta es, casi siempre, la opción más usual y menos dolorosa, al menos para la palomita.


2.  Desisten de su empeño, por ese día, se emborrachan con sus amigos, se deprimen junto a su resaca del día después y vuelven a intentarlo más adelante con otra palomita menos si la autoestima, o las copas demás, los deja.

3.  Solo unos pocos persisten de forma gallarda hasta que por fin consiguen a la palomita por la que beben los vientos.

4.  Y, como excepción pero no poco usual, unos pocos desalmados fuerzan a la palomita, aunque, dejando eufemismos a un lado, la palabra correcta sea violar.

Y así somos, porque evidentemente somos la especie más evolucionada del planeta. ¿No es así? ¡Olé nuestros huevos!

sábado, 2 de febrero de 2013

La tensión de las tres citas en una noche


Mi teléfono necesita ser reparado, de nuevo. No es que me preocupe el echo de que me lo tengan que arreglar, que para eso pago un seguro que me cubre los gastos de reparación y además me ofrecen uno mientras reparan el mío, lo que realmente me preocupa es no tener mis contactos a mano y cargarla como la última vez que mi móvil se enfermó.

Por Cristo Rodríguez.

Allá por el mes de agosto tuve un pequeño accidente con mi teléfono inteligente y se me rompió el cristal trasero. Así que, con todo el dolor de mi alma, tuve que dejarlo marchar y quedarme con un teléfono de sustitución con más años que mis tres abuelos juntos (quizá un poco menos), supongo que todo aquel que haya tenido que desprenderse de su móvil inteligente durante algún tiempo sabrá de la dificultad de permanecer alejado de él.

El echo de no tener un teléfono que te de acceso a diversas actividades,  y a todas las páginas de contactos durante todo el día en los tiempos que corren, es un gran problema. Sobre todo para los que casi somos adictos a este tipo de tecnologías. Los primero días sin mi teléfono y sin la posibilidad de chatear allá donde quisiera fue una prueba dura que el destino me impuso. Pero no sabía yo que lo peor estaba por llegar.

Como es natural en los tiempos que corren, uno no puede agarrarse a un solo clavo. En esta vida hay mucha competencia y si uno quiere tener un buen trabajo tiene que intentar conseguirlo solicitando ese buen trabajo en la mayor cantidad de empresas posibles para poder tener una mínima oportunidad de conseguir dicho trabajo. Pues bien, digamos que con los novios o amantes uno tiene que hacer lo mismo. Si te juegas todas tus cartas a una sola persona, lo más probable, es que pierdas la partida. Con esta filosofía del cuanto más abierta sea la apuesta más posibilidades hay de entrar, me enfrento yo a la vida amorosa. Esta filosofía me funciona más o menos bien, cuando una persona no puede quedar conmigo tengo a otra que si puede, y si ninguna de las dos pueden pues procuro tener una tercera o cuarta que si podrá. Y para controlar que todos estos movimientos sincronicen, no hacer daño a nadie y probar a que todos estemos contentos se necesita un aliado que te ayude en la tarea.

Como ya he dicho, en el pasado mes de agosto me quedé sin teléfono que me ayudase a controlar mi calendario, me dejaron uno de préstamo en el cual no tenía agenda alguna y yo andaba con varios frentes amorosos abiertos. Un mal cocktail que casi termina conmigo en urgencias, o por un ataque nervioso o por asesinato múltiple, no con múltiples muertos sino con múltiples asesinos.

Cierta tarde le mandé a uno de los chicos (número 1) con los que me estaba viendo un mensaje para ver si le apetecía quedar, a lo cual no recibí respuesta.  Otro de los chicos (número 2) me mandó un mensaje para quedar y yo le dije que por supuesto podíamos vernos esa noche en mi casa, así que le mandé mi nueva dirección. Al poco tiempo recibí otro mensaje (número 2) preguntándome si nuestra cita seguía en pie a lo cual yo respondí que si, a lo cual le siguió un mensaje preguntándome dónde vivía, esto despertó una ligera sospecha en mi que me hizo revisar los últimos mensajes, con lo que pude ver que la persona que me estaba mensajeando no era el número 2 sino el número 3. En un plazo de una hora, había pasado de no tener plan para la noche, a quedar con dos chicos sin que ninguno de ellos supiera que había quedado con el otro. Así que decidí hacer algo que la mayoría de los adultos hemos aprendido a hacer con el tiempo, no responder el mensaje del número 3. El problema parecía resuelto. De nuevo sólo había quedado con el número 2, el cual me escribió diciendo que tenía que coger el coche y que si era difícil de aparcar en mi zona, -no lo se- le respondí y me contestó que entonces se pensaba si venir o no. Al no responder durante veinte minutos, entré en pánico y le mandé un mensaje al número 3. Número 1 respondió (¡después de dos horas!), “Ok, voy a tu casa”. Otra vez en el lío, la situación se complicaba, se solucionaba y se complicaba de nuevo. Sin saber que hacer, y cavilando que excusas  podría utilizar para librarme de uno de los dos, decidir con cual de los dos me apetecía más quedar… Todo muy complicado con lo que mi nivel de estrés iba escaladando hasta llegar al desasosiego. Al fin y al cabo sólo tenía que lidiar con dos de ellos, cuando el número 2 se decidió, “Ok, cojo el coche de mis padres y estoy allí en 30 minutos”. ¡Oh no! Tres citas en la misma noche. ¡¿Quién puede con eso?! ¡Y todos a mi casa! Tenía que actuar rápido o en breve la hiperventilación me iba a hacer caer redondo al suelo, por lo menos así tendría la escusa perfecta. “Sabes que, no me encuentro muy bien y mañana madrugo, así que mejor me quedo en casa”, con este mensaje el número 3 se retiraba de la competición. Este mensaje que en cualquier otro momento me hubiese fastidiado me llenó de gozo. Ahora sólo tenía un problema del que librarme. “¿A que hora tenías pensado venir a mi casa?” El número 1 recibió este mensaje de mi parte, al que tras no contestar en quince minutos, me di por enterado de que no vendría y si venía podía decirle que al no responder había quedado con un amigo. Ya sólo quedaba el número 2 en juego. Así que esta noche me jugaría mis cartas al número 2.

El número 2 se retrasaba y tras varios mensajes entre nosotros, en los cuales yo le insistía diciendo que había donde aparcar cerca de mi casa, etc. etc., decidió que ya era tarde y que no vendría a mi casa.

Así que así me quedé sólo, como si fuera un castigo del cielo, de cupido o de todos los dioses del olimpo. Aunque tengo que confesar que nunca he estado más feliz de dormir sólo en mi vida. La paz se apoderó de mi cuerpo y de mi alma, dormí como un angelito toda la noche del tirón. 

Del número 2 no he vuelto a saber. El número 1 lo sigo viendo de vez en cuando, pero ahora estamos en el proceso de intentar se sólo amigos.El número 3 sigue insistiendo en quedar conmigo, aunque ahora tiene la escarlatina y no nos veremos en un tiempo, ya se verá.

El número 0, osease yo, como dije al principio, esta preocupado por la perdida de su móvil otra vez. Aunque a decir verdad, aprendí la lección, por lo menos por un tiempo, ahora intento tomarme las cosas con tranquilidad, de uno en uno. Así no me atraganto y mi salud mental permanece intacta. Aunque no se si en el futuro la lección se me olvidará o no. Por lo pronto, en breve, me quedaré sin móvil otra temporada (espero que corta), así que no creo que tenga tiempo de olvidarlo… Creo…Espero…

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